Un nieto a la carta

P. Velasco
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Jóvenes comprometidos con la tercera edad participan en el programa social 'Adopta un abuelo', que ya se desarrolla en residencias de Castilla y León con trece voluntarios y 17 personas mayores

Inés Diago y Adrián Peláez posan con una de las personas mayores que participa en el programa.

Una persona que escucha sus vivencias, que se toma un café con ellos, que comparte sus aficiones. Una compañía «mucha veces necesaria» para personas de la tercera edad que no tienen familia o la tienen lejos y que puede llenar ese hueco con un ‘nieto postizo’. Así surge el programa intergeneracional ‘Adopta un abuelo’, que busca que los mayores se sientan queridos mientras comparten su tiempo con jóvenes voluntarios que aprenden valores y experiencias durante sus visitas a las residencias.
«Siempre he tenido una relación muy cálida con la gente mayor, me gusta mucho escuchar y en su caso han tenido una vida muy interesante», comenta Inés Diago, una de las voluntarias de esta ONG en León, que participa desde hace dos meses en este programa. Ella se sale del perfil habitual, ya que cuenta con 34 años, pero la pérdida del último de sus abuelos, que residía en una residencia en Guadalajara y al que no podía visitar tan a menudo, llevó a Inés a involucrarse en una iniciativa «muy interesante, ya que gente con una diferencia generacional importante puede generar unos vínculos muy fuertes».
 Ahora lleva dos meses con su abuela adoptiva Clementina, la persona que solicitó su ayuda, ya que son los mayores los que eligen a sus nietos adoptivos. «Nos encanta conversar, dar paseos por la residencia, apuntarnos a cualquier actividad que haya. Soy como una nieta a la que puede tener a su lado», destaca Diago.
El proyecto de emprendimiento social ‘Adopta un abuelo’ nace en 2013 en Ciudad Real y poco a poco se ha ido extendiendo al resto de la Península. En Castilla y León funciona desde el año 2017 y, aunque todavía no es muy conocido, ya cuenta con 17 abuelos que participan y 13 voluntarios en las provincias de León y Salamanca.
Adrián Peláez, el embajador del proyecto en la provincia leonesa, confirma esa falta de personas que atiendan las necesidades de las personas mayores. «Participó en el programa desde 2017 porque vi que había muchas personas necesitadas que no salían de una rutina diaria», indica, tras lo que añade que lamentablemente parece que «la juventud ahora no puede sacar tiempo». «Tenemos más demanda de mayores que quieren participar y no pueden porque nos faltan voluntarios», incide.
Peláez, que se encarga de explicar el programa a los nuevos participantes, cree que aporta mucho: «Conoces el mundo de antes, te cuentan historias. Más que ganar ellos ganamos nosotros como voluntarios y vemos cómo les sacamos del rutina, porque están deseando que llegue el día de la visita».
Una vivencia personal que también destaca Leticia Falagan, la embajadora de ‘Adopta un abuelo’ en Salamanca. «Tenemos mucha ilusión por hacer sentir a los mayores acompañados y queridos, y sobre todo por el aporte de experiencias entre voluntarios y personas de la tercera edad», recalca.
Formación

Con 29 años, ella lleva ya dos involucrada en el proyecto que conoció por una red social, porque «cumple un montón esa necesidad frente a la soledad de los mayores». En su caso no puede comprometerse con las visitas semanales por su trabajo, así que realiza la labor de embajadora en la ciudad salmantina. «Lo que hacemos es implementar el proyecto en la ciudad y llevarlo a cabo, tener en cuenta la gestión de los voluntarios, hacer la formación y estar pendientes de que vaya todo bien durante las visitas», explica.
Además se encarga de la formación de los jóvenes para que tengan muy claros cuáles son los objetivos, cosas que pueden llevar a cabo en la visita y lo que no, «porque no pueden aceptar una contraprestación económica ni pueden salir de la residencia sin permiso, entre otras». Habitualmente el voluntariado empieza en octubre o noviembre y termina en junio, «como un curso escolar», aunque se respetan los periodos de exámenes, ya que muchos de los voluntarios en Salamanca suelen ser estudiantes.
?Todos ellos hacen un llamamiento para que el programa se conozca en Castilla y León y cuente con un mayor número de voluntarios. «Somos pocos, se conoce poco y la verdad es que hay muchas más solicitudes de abuelos que quieren ser adoptados. Es algo muy gratificante, que puede aportar compañerismo y ese espíritu más de comunidad que se va perdiendo por desgracia a día de hoy», apunta Inés Diago.
Todo ello implica una responsabilidad con la que, como insisten los tres, hay que cumplir: «Son personas con las que es muy importante que las rutinas no fallen, porque cogen cariño a un voluntario muy fácilmente y si pasadas unas semanas no se puede continuar con las visitas, ese abuelo se puede sentir desplazado. Hace falta que exista esa responsabilidad y compromiso para continuar dentro del programa. Tampoco es tan difícil».