Un mundo que ya no será como antes

Antonio Rey (EFE)
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China jugará un papel claramente determinante en el futuro del planeta en la era 'post COVID-19', frente a Estados Unidos que genera algunas dudas por la manera en la que está afrontado la crisis

El país asiático ganará influencia sanitaria con la pandemia. - Foto: YFC

Tras el coronavirus el mundo ya no será como era, eso es algo en lo que coinciden todos los expertos, cuyos pronósticos sobre el futuro del planeta para la era post Covid-19 apuntan a un papel crucial de China. Frente al gigante asiático emerge su eterno rival comercial, Estados Unidos, pero en esta ocasión en una posición de incertidumbre. Y es que, mientras las debilidades del sistema sanitario norteamericano se hacen patentes con un aumento imparable de casos cada día, la gestión de Pekín ha logrado dar la vuelta por completo a la percepción negativa que se tenía de este país cuando la pandemia comenzó a extenderse en su territorio.
No solo ha frenado el brote, lo que le permite exhibir imágenes de una incipiente vuelta a la normalidad, sino que ofrece ayuda técnica y material al resto del mundo para combatir con mayor eficacia la acelerada expansión de la enfermedad.
Entre tanto, Estados Unidos, la otra nación a la que por su gran peso económico y de influencia le correspondería en principio salir también reforzada de la convulsión global causada por el Covid-19, tiene el éxito muy sujeto a cómo su presidente, Donald Trump, vaya a resolver una situación que comenzó a gestionar sin acierto.
«Ambos países saldrán vencedores, pero EEUU tiene más posibilidades de salir peor parado, dependiendo de la gestión interna», afirma Ernesto Pascual, profesor de Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), que augura «problemas muy graves» a Trump si esta crisis «le estalla fuerte».
Algo muy factible, en opinión de José María Peredo, catedrático de Comunicación y Política Internacional de la Universidad Europea de Madrid, quien recuerda las críticas que recibió el presidente al despreciar el impacto del brote, dando una «imagen de debilidad» desconocida hasta entonces en este mandatario.

Mejor preparados

Así que mientras Trump se la juega, con las elecciones presidenciales en el horizonte, el presidente chino, Xi Jinping, ha recuperado la iniciativa mitigando el deterioro que también sufrió en un principio y está promoviendo una «campaña de imagen exterior extraordinaria» basada en la ayuda humanitaria, insiste Peredo.
Pero el poder de China va mucho más allá de una cuestión de imagen, apunta por su parte Félix Arteaga, investigador principal del Real Instituto Elcano, convencido de que «saldrá reforzada» y logrará mayor «capacidad de influencia y prestigio».
El gigante asiático ha logrado subsanar los errores que cometió en las fases iniciales del brote de Wuhan, al adoptar medidas radicales, y ahora su población percibe que su Gobierno «ha solucionado un problema» aunque él mismo lo hubiera fomentado al no actuar a tiempo ante la falta de higiene o unas costumbres alimentarias poco saludables, añade este experto.
En todo caso, queda claro que China está mucho mejor preparada para el futuro, y ahora va a sumar su influencia en el ámbito sanitario a la que ya había ido acumulando en otras vertientes, como la tecnología, la investigación, la industria, las finanzas y las materias primas.
A la postre, aprovechando que la tendencia neoliberal más radical había dejado en sus manos la producción industrial, ahora la nación está en una posición privilegiada, y son los otros los que le compran, por ejemplo, el material sanitario imprescindible para atajar la pandemia, pues nadie más se había preocupado de garantizar su fabricación.
Es una de las primeras lecciones, en opinión de Ernesto Pascual, que deben extraer todos los países occidentales y Europa en particular; es el precio que están pagando por haber renunciado a su producción industrial y que deberían subsanar cuanto antes.
Él propone un plan estratégico para el bloque comunitario que, a semejanza de la Política Agraria Común (PAC), permita recuperar una industria manufacturera propia, la cual él situaría en los países del sur para así combatir su paro estructural; la sanidad, por supuesto, sería uno de esos sectores a impulsar.

La recuperación

Y si se está en manos de China para que suministre mascarillas, test rápidos del COVID-19 o respiradores, también podría depender dentro de poco del gigante asiático la recuperación económica, porque esta nación tiene abundantes recursos financieros de los que se ha procurado dentro de su estrategia. Una especie de Plan Marshall como el que regó Europa de fondos de Estados Unidos tras la II Guerra Mundial y que también tendrá su precio, apunta Pascual.
«Nunca nada es gratis y muy probablemente esa ayuda china vendrá condicionada a la aceptación de las redes 5-G en Europa, con lo que significa en cuanto a control de la información», advierte.
Porque tras cada movimiento que da China está su propio modelo económico y de organización social, una concepción totalitaria que, para este tipo de crisis, se demuestra mucho más eficiente a la hora de tomar decisiones. La concentración del mando es más ágil al aplicar medidas extremas y la omnipresencia tecnológica ayuda a que su implantación sea más exitosa.