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Tubos del tiempo vistos de nuevo

S.F.L.
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El órgano de San Salvador de Oña se puede contemplar este agosto como nunca antes

Norbert Itrich, organista polaco. - Foto: S.F.L.

Los visitantes quedan literalmente paralizados en medio de su paseo por el crucero de la venerable iglesia oniense. Tras un momento de desconcierto alzan la mirada hacia las alturas y descubren sorprendidos la fuente de la magia. Todos los días uno no tiene el privilegio de escuchar un recital de un instrumento de más de 230 años de antigüedad, pero el milagro es posible en San Salvador, donde reside el único órgano de la Bureba y Las Merindades que permite por espacio que el visitante compruebe en primera persona el interior del mismo y descubrir las teclas, el motor, el fuelle, el conducto y toda la mecánica.

Tras escalar unas angostas y empinadas escaleras se llega hasta el misterioso instrumento. Al momento se descubre que el órgano en cuestión dista mucho de sus colosales primos, que se acostumbran  a ver en las iglesias modernas. Aquí no hay varios teclados, únicamente uno modesto y diminuto que recuerda a los pianos de juguete para niños. Quien explica su historia y las características con la misma pasión que Romeo hablaría de Julieta, no es otro que el polaco Norbert Itrich, organista y maestro organero que por cuestiones de la vida actualmente reside en Frías.

El erudito, perteneciente a una saga familiar de músicos, explica tres días a la semana las características de un instrumento al que, obviamente, ama. Los martes, jueves y sábados a las 11 horas aquellos interesados en ‘destripar’ los enigmas del ‘Rey olvidado’ tienen una cita en la iglesia abacial oniense. La charla comienza una vez atravesado el pórtico del templo, cuyas proporciones impresionan a todo aquel que cruza la puerta: 83 metros de largo, 20 de anchura y 18 de altura. En el primer tramo, junto a los cuatro retablos de los siglos XVII al XVIII, Itrich ha instalado un órgano electrónico -que imita el sonido del barroco- para que los visitantes observen detenidamente todos los elementos.

Cuando los allí presentes comprueban que este instrumento moderno no solo se toca con las manos sino que también es posible con los pies, las caras de asombro pueden distinguirse pese a las mascarillas. En este primer contacto los turistas disfrutan del privilegio de un recital privado y exclusivo, en el que el maestro polaco da un repaso a toda la historia del instrumento. Un auténtico viaje musical, desde la Edad Media hasta la actualidad.

Lo mejor está por llegar. La gran sorpresa que no se esperaba el oyente es que el recorrido continúa y no solo para contemplar la fachada y los elementos del ‘gigante’, construido por el riojano Francisco Antonio de San Juan en 1.786, sino que tendrá la oportunidad de ver y sentir la música muy de cerca. La entrada al túnel del tiempo se ubica junto a la sillería de la Capilla Mayor. Allí, en una esquina se descubre la puerta que da acceso a los sonidos del siglo XVIII y que tiene forma de órgano barroco. «Esta es sin duda la parte más interesante de la visita. Las personas suben, descubren como son los tubos, como funciona el instrumento. Ven el fuelle, se abre la puerta y tienen acceso a los más de 1.200 tubos. Finalmente se acercan a la consola y ven todos los detalles. El que sube llega a otro mundo», declara Itrich.

Tras las aclaraciones los visitantes miran el órgano, un auténtico tesoro, con aún más veneración si cabe. A pesar de sus 235 años de vida y gracias a una restauración ejecutada hace algo más de dos décadas, su estado es perfecto. «Siempre hay cosas por renovar y el mejor mantenimiento es tocar», aclara el organista. Principalmente ha sido este motivo el que condujo al polaco a proponer la iniciativa. Al párroco de la iglesia oniense, Bonifacio Cuesta, le pareció una brillante idea y desde el mes de julio este «olvidado monarca es más conocido en el reino». Los sábado de agosto a las 19 horas se celebran conciertos del instrumento en el templo en compañía de otros músicos.