30.000 voces se funden en el no a los recortes

Á.M / Burgos
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Una histórica marea humana colapsa durante más de dos horas el centro de Burgos nutriendo las manifestaciones contra las políticas económicas y sociales del Gobierno

La Plaza del Cid y calle Vitoria (en la imagen) se convirtieron en un constante manantial de manifestantes durante una hora. - Foto: DB/Luis López Araico

Lo de secundar una huelga, no digamos calcular su adhesión real, es algo que depende, o al menos puede depender, de tantos factores que podría no llegar a obedecer a una decisión estrictamente personal. Pero lo que sí es una muestra de voluntad clara e incuestionable es secundar una movilización de protesta al estilo clásico: vía manifestación. Y parece que sí, que en Burgos ayer hubo mucha voluntad, o muchas voluntades, para revirarse contra el rumbo de la política económica y social de un Gobierno que se enfrentó a su segundo paro general en menos de un año.
Hasta 30.000 voluntades, 10.000 arriba para los organizadores, 10.000 abajo para algunas fuentes policiales, se organizaron a lo Fuenteovejuna. Tantas que se recuerdan pocos precedentes de la movilización que durante más de dos horas colapsó el centro de la ciudad para ceder el paso a una marea humana que cubría la Plaza del Cid, el inicio de calle Vitoria,  San Lesmes, Plaza de España, Alonso Martínez, Laín Calvo y el Espolón, todo al alimón, y que continuaba nutriéndose de manifestantes en cola cuando la cabecera alcanzaba la Plaza Mayor para oficiar el fin de la protesta.
Porque lo de ayer era, más que cualquier otra cosa, una protesta. Un movimiento empático en el que, cual anuncio de la Coca Cola, había de todo. ‘Perroflautas’ y señores con traje. Ancianos y niños (uno de ellos con un letrero en el que se leía ‘acabo de nacer y ya me estáis jodiendo’), jóvenes, casi jóvenes y viejos jóvenes. Estudiantes y jubilados. Autónomos y asalariados. Y parados. Y familias al completo. Y familias gestando. Y desahuciados. Y todos tenían algo en común: creen que en España la receta del dolor no será analgésica a corto plazo. Ni a medio.
Cabecera de la manifestación convocada por la Cumbre Social de Burgos con final en la Plaza Mayor.Cabecera de la manifestación convocada por la Cumbre Social de Burgos con final en la Plaza Mayor. - Foto: DB/Luis López Araico Y así, sin que se registrara incidente alguno y bajo una curtida banda sonora donde lo mismo se arrancaban himnos de la transición que se parían pareados sobre la marcha en los que la palabra recorte fue la más redundante junto con otras que acaso no sea ortodoxo poner en blanco sobre negro, discurrió la manifestación. Bueno, en puridad fueron ‘las manifestaciones’, porque había varias. Tres, para más señas.
La primera era una concentración de estudiantes universitarios a la que se sumaron los alumnos de la escuela de Danza, que bailaron en público tanto en el Espolón como en la Plaza Mayor a pesar de que se toparon con un problema: no había pianista. ¿Y por qué? Se preguntaban. «Porque los han despedido», respondieron con una de retórica. De ahí sus pancartas y demandas: «El arte también es educación». Otra de retórica: «Por eso también lo recortan».
Luego estaba el tema serio, entendido como tal que fue la propuesta que mayor respuesta obtuvo. Era la de la Cumbre Social de Burgos, movimiento en el que se integran varios colectivos y que tiene en UGT y Comisiones Obreras su máximo y más claro exponente sindical. Ellos fueron los que encabezaron la marcha detrás del lema ‘No hay futuro, hay culpables, hay soluciones’. Y en tercer lugar desfiló la comitiva de la manifestación convocada por CGT y CNT, que tuvieron su propio cierre de ‘ceremonia’ en La Flora.
Al final, y como en tantas ocasiones, desfilaron unos detrás de otros sin que a muchos de los ciudadanos que se sumaron a la protesta les importara (o al menos no lo parecía) si se colocaban aquí o allí, porque es lo nuclear del asunto lo que a buen seguro atrajo a miles de ciudadanos hasta la marcha. Llegado el momento de los manifiestos, el torrente de personas se fragmentó aunque hacen falta unas 10.000 personas para colmar la Plaza Mayor. Y se llenó.

Los argumentos

El manifiesto de la Cumbre Social fue leído por el pintor Juan Vallejo, que prologó el texto pactado previamente con un discurso propio colmado de hipérboles y ataques a la yugular de la que definió como «la democracia más miserable de Europa». Habló también de «libertades demolidas», de que «nunca en tan poco tiempo se hizo tanto daño» e incluso de «nuestra añorada República». Quizás, y solo quizás, muchos de los allí presentes lo estaban para levantarse contra el hoy.
Y del hoy sí que iba el manifiesto. En él se declaró que «sólo desde la más absoluta ceguera podría negarse el fracaso de unas políticas certificado por datos económicos de todas las procedencias» y que las «políticas de ajuste han inducido a la sociedad en un estado de alerta máxima».
Detrás de ese estado emocional colectivo que se dibujó están «la progresiva eliminación del derecho al trabajo, el empobrecimiento masivo de la población y el desmantelamiento de los mecanismos y redes de protección social que esa población paga con sus impuestos», política que se consideró «repulsiva, indecente y merecedora de una movilización contundente».
Se pidió, en consecuencia, la sustitución de esas políticas por otras encaminadas a la creación de empleo que pasan por «incentivar la actividad económica, poner fin a la mercantilización de la educación, recuperar el carácter público de la sanidad y restituir los derechos laborales y los servicios y prestaciones públicas».
Dos mensajes más articulaban el mensaje enviado por la Cumbre Social. El primero es que «en las elecciones generales de 2011 nadie pudo pronunciarse sobre el abaratamiento del despido, la individualización de las relaciones laborales, el cambio de modelo educativo, el repago sanitario, la reducción de prestaciones sanitarias y el derecho universal a la protección de la salud, el desmantelamiento de los servicios sociales, la subida de impuestos, la reducción de salarios o la reducción de prestaciones por desempleo». Esto es; se exigió «una consulta perfectamente constitucional» para tomar medidas de ese calado. Un referéndum. O varios.
El otro mensaje sonó a ‘volveremos’. «Es insostenible un país con el 25% de paro y sin perspectivas de futuro: frente a ese determinismo inaceptable nos hemos movilizado y seguiremos haciéndolo con futuras convocatorias de huelga general». Del seguimiento que tuvo la última ya han podido leer en páginas anteriores y el que puedan tener otras futuras está por ver, pero lo que era imposible no ver ayer es que había mucha gente en la calle y que estaba muy cabreada.