Jiangsu, un viaje desde Shanghai a la auténtica China

Jorge Losada
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Jiangsu, un viaje desde Shanghai a la auténtica China

Paisajes únicos y ciudades milenarias transportan al turista a un enclave mágico en el que parece haberse parado el tiempo

La reciente visita a España del presidente de China, Xi Jinping, quiere marcar un cambio de época en las relaciones bilaterales entre ambos países y fortalecer una asociación estratégica integral en la que España jugará un papel fundamental para el Gobierno chino. A medio camino entre Europa y África, en el corazón del Mediterráneo y el Atlántico, nuestro país puede convertirse en la puerta de entrada para la expansión china en el campo económico, comercial y financiero. Por su parte, las empresas nacionales ven en esta nueva etapa una posibilidad de llegar a un potencial mercado de 1.400 millones de personas al que vender aceite, jamón, vino y cultural.
Pero el Ejecutivo de Xi Jinping no solo aspira a exportar alta tecnología a España, a Europa. En su nueva estrategia comercial y de aperturismo al mundo quiere abrir las puertas y fomentar un turismo de alta calidad que conozca una China alejada de los circuitos tradicionales que llevan a los viajeros a conocer las milenarias ciudades de Beijing, Shanghai, Xi’an o Hong Kong. Por esta razón, el Gabinete acude este año a la Feria Internacional de Turismo (Fitur) con el propósito firme de dar a conocer otra China, concretamente la región de Jiangsu, una provincia de fáciles comunicaciones desde la majestuosa Shanghai y en la que en menos dos horas el turista se puede adentrar en ciudades mágicas y conocer así la auténtica china.
Si por algo se caracteriza la región de Jiangsu es por sus fáciles comunicaciones desde la ciudad de Shanghai y de tránsito entre sus capitales. Otra cosa más complicada es comunicarse con los ciudadanos, ya que apenas hablan inglés en ninguna parte del Estado, por lo que se recomienda contratar guías turísticos locales y, al menos, unos paquetes básicos desde España. Sin embargo, si se opta por la aventura, en pocos países se encontrará más seguro que en China, ya que a diferencia de otros territorios de Asia el turista está completamente protegido. Aun así… ¡ojo con los carteristas!
Con una población de 76,7 millones de habitantes, Jiangsu se ha situado como una de las provincias más pujantes de toda Asia. Destaca por su comercio, un creciente desarrollo de sus polos tecnológicos, el pujante sector privado y el mayor número de universidades de toda China. Se habla de que más de 912.000 empresas ya están instaladas en la zona, todo un récord dentro del país. El reciente desarrollo de las firmas ligadas a la tecnología la han convertido en cuna de la electrónica y las comunicaciones, lo que fortalece, aún más, su potencial económico centrado en la industria textil, química, de maquinaria, de materiales de construcción y metalurgia.
Pero entre las modernas fábricas y los altos rascacielos, Jiangsu alberga ciudades monumentales y con unos paisajes únicos en los que parece que se ha parado el tiempo. Transportan al viajero a una China mágica, auténtica, en la que los niños y ancianos se giran cuando se cruzan con algún occidental y en la que la cultura y las tradiciones milenarias se sienten en sus calles.
Situada en el bello y rico delta del río Yangtsé, que se extiende de este a oeste durante 400 kilómetros, y surcada por el Gran Canal Beijing-Hangzhou, que cruza de norte a sur el país, la región se caracteriza por la riqueza de sus llanuras, sus ríos, su litoral y sus lagos de agua dulce. Todo un entramado de ríos entrecruzados y redes acuáticas que hacen que el líquido elemento sea la corriente de vida de esta región que ha sabido desde los tiempos antiguos aprovechar la riqueza del agua y convertirla en su fuente de vida.
Los ríos Yangtsé, Huaihe, los lagos Taihu y Honghu (dos de los cincos mayores de agua dulce del país), junto con el Gran Canal constituyen un único relato cultural en el que solo por contemplar la majestuosidad de sus paisajes, ya merece la pena visitar Jiangsu.
Detrás de las maravillosas postales que nos deja este enclave están las ciudades de Nanjing, Wuxi, Xuzhou, Changzhou, Suzhou, Nantong, Lianyungang, Huai’an, Yancheng, Yangzhou, Zhenjiang, Taizhou y Suqian. Capitales todas ellas cargadas de historia y en las que si el viajero lo desea se puede adentrar en una China como la que debió ser hace siglos.
Nanjing es la capital de la provincia de Jiangsu y es una de las ciudades más visitadas de la república. En los tiempos imperiales fue capital de muchas de las dinastías que rigieron los destinos de este enorme reino. Lo más llamativo de la ciudad es su muralla, que data de la Dinastía Ming. Originariamente tenía 35 kilómetros. Hoy solo quedan 21 en pie. Otras de sus atracciones son el Mausoleo Xiaoling, donde está enterrado el primer emperador de la Dinastía Ming (siglo XIV a XVI), el Templo de Confucio (siglo XI, aunque su última reconstrucción es del 1984) o el Palacio Usnisa ubicado en la montaña Niushou, un impresionante centro de peregrinación para los budistas por el que cada año pasan millones de visitantes. Nanjing tiene una gran importancia en la historia moderna de China, ya que allí está enterrado el doctor Sun Yat-Sen, padre de la patria que murió en 1925 y que fue uno de los principales impulsores de la revolución democrática contra la dinastía de Qing, movimiento que acabó con dos mil años de feudalismo. En Nanjing se encuentra el mausoleo del Doctor Sun Yat-Sen y a su tumba acuden los chinos como símbolo de máximo agradecimiento.
Wuxi es otra de las grandes ciudades de la región de Jiangsu. Es una antigua ciudad industrial que está dividida en dos mitades por el lago Taihu, el tercero en tamaño de todo el país, y atravesada por el Gran Canal. Se la conoce como la Perla del Lago Tai o La Pequeña Shanghai. El principal reclamo para el viajero es adentrarse en el Lago Taihu, sobre todo en primavera o en otoño, y surcar sus aguas hasta alcanzar la Isla de la Cabeza de Tortuga o la Isla de las Divinidades. Pero no deje de visitar al Gran Buda de Ling Shan, reciente construcción de más de 80 metros de altura, el noveno más grande del mundo y uno de las más grandes de China.
Al llegar a la ciudad de Yangzhou el tiempo se para. Sus ciudadanos contemplan con calma la prosperidad y el frenesí de las ciudades vecinas y resulta difícil imaginar que hace 300 años los mercaderes más ricos de China se diesen cita en esta capital. Quizá por eso ostente el título de Premio Hábitat de la ONU. O quizá esa es la razón por la que aquí se encuentran dos de los jardines más bellos de la región de Jiangsu, el Jardín de Heyuan y el Jardín de Geyuan, obras maestras de este tipo de construcciones. Parada obligada en este enclave es un paseo por El Estrecho Lago Oeste. Se trata de uno de los parques más famosos de China. Sus quioscos, pabellones y puentes son excelentes muestras de la construcción de los jardines clásicos orientales. De esta ciudad de China es el popular arroz frito y, de hecho, la gastronomía una de sus principales señas de identidad. 
El viaje por Jiangsu no puede finalizar sin adentrase en Suzhou, posiblemente la ciudad más auténtica y bella de la región. Conocida como la Venecia China, Suzhou se remonta al siglo VI a.C. y sus canales, puentes de piedra, pagodas e impresionantes jardines hacen que cada uno de sus rincones estén llenos de magia y encanto. Imprescindible el paseo en góndola y adentrarse en Ping Jiang Road, una de las calles más agradables de la ciudad, que conserva el antiguo pavimento empedrado y donde las tiendas mantienen los estilos arquitectónicos tradicionales como si por ella no hubiese pasado el tiempo. Todo ello, en una ciudad que es uno de los centros mundiales de la industria de la seda.