Una nueva visión sobre los Corleone

Agencias
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El montaje de 'El Padrino: Parte III' satisface a los seguidores de la saga, ya que el ritmo es más ágil y elocuente que la versión original

Una nueva visión sobre los Corleone

Francis Ford Coppola reestrena una joya de su filmografía con un nuevo montaje. Ahora, ya no es El Padrino: Parte III que conocíamos. Se titula Epílogo. La muerte de Michael Corleone, lo cual ya refleja toda una declaración de intenciones del director. Desde el primer momento anuncia que nos encontramos ante una película nueva. El comienzo de la misma es diferente, metiéndonos de lleno en el meollo de la cuestión vaticana que servirá de subtrama a lo largo del filme, una escena que, además, contiene pequeños planos nuevos que remarcan la esencia del protagonista como un hombre que está en proceso de redimirse de sus pecados. Este nuevo montaje es una versión más corta que la anterior, se pasa de 164 minutos a 158, recortando pequeños fragmentos de conversaciones que agilizan más el ritmo de la narración. Todo esto como aperitivo de un final que es donde reside el auténtico poder de esta nueva película de los Corleone, una conclusión que, según Coppola, le ha permitido «hacer un mejor cierre de las entregas precedentes». Además, la película ha sido sometida a un proceso de restauración de imagen y sonido, con nuevas pistas musicales. 
 En mayor o menor medida, de todos es conocida la historia de los Corleone. Se habrán escrito ríos de tinta acerca de los múltiples aspectos que la componen. Pero nos interesa especialmente uno de ellos; el de la familia. «Un hombre sin su familia, no puede ser un hombre», decía el patriarca. Michael hará todo lo que sea necesario  por sus hijos. Cometerá «pecados terribles por los que es justo que sufra», como le dirá el cardenal Lamberto en uno de los grandes momentos de esta tercera entrega, esa confesión hecha en la intimidad de un claustro, con el sonido de fondo de las campanas, cuyo estruendo  sacude el corazón de Michael y le ayuda a liberarse de esa pesada carga. 
Los pecados que le llevaron a perder a su mujer Kay, quien le tiene miedo, y le sigue amando a partes iguales, a pesar de que tiempo atrás se convirtió en su «horror». 

 

El mal le persigue

Ahora tiene la oportunidad de recuperar la relación con sus hijos, que son el bien más preciado del mundo. Pero el mal vuelve a arrastrar a Michael, los enemigos que ven con recelo cómo rehace su vida, aprovecharán para dañarle, y lo harán arrebatándole aquello que más quiere. Un capítulo final narrado en tres actos, como una ópera. Una historia que sabemos que forma parte de algo, pero que, al mismo tiempo, funciona como cinta independiente, pues su esencia es precisamente el legado, más allá de los asuntos relacionados con el crimen o la violencia, lo que habita en el corazón de esta trilogía es la importancia de los hijos como herederos de una cultura, de una forma de ver la vida, todo ello, a través de los recuerdos de un anciano sentado en el patio de su casa en Sicilia, haciendo un balance de lo que ha sido su vida, dejándose llevar en los suaves brazos de la muerte.