Un mural muy natural por los 25 años de la UBU

A.S.R.
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Alegría del Prado realiza un mural en un lateral del edificio I+D+i de la Universidad de Burgos en el que traza una línea del tiempo que va del conocimiento ya aprendido a todo el que queda por investigar y descubrir

La pintura, de 25 metros de largo y cuatro de alto, ocupa toda la pared lateral del animalario anexo al edificio de I+D+i de la UBU y brinda una imponente estampa desde la avenida de la Universidad. - Foto: Patricia González

Una sutil espiral de Fibonacci observadora y vigilante desde una discreta esquina; una mano que se cierra en torno a todo el conocimiento aprendido en el pasado y otra que apunta hacia un futuro prometedor; una rueda, un reloj y un antiguo telescopio que danzan como ejemplos del progresivo avance tecnológico; una mujer que se confunde con el entorno, sin destacar, como el sueño de esa representación femenina en el mundo de la investigación y la docencia con una normalidad aún lejana; un viejo árbol robusto y sabio y uno joven, vigoroso, con ramas cargadas de retoños que auguran un halagüeño relevo generacional; un pájaro que aletea y vuela libre en medio de una órbita que gira imparable; la naturaleza como mágica y constante presencia...


La pared lateral del animalario del edificio I+D+i de la Universidad de Burgos (UBU) se extiende como una pista en la que bailan metáforas, símbolos y guiños al son de la música de las brochas de Alegría del Prado. Una verbena orquestada en medio del campus para celebrar los 25 años de la UBU.


«Nos dieron cuatro palabras clave para que nos inspiraran el diseño del mural: investigación, innovación, información, educación. Barajamos varias ideas y nos quedamos con esta, que traza una línea del tiempo simbólica», comentan Ester González del Prado y Octavio Macías Alegría, que de la mezcla de sus culturas, española y mexicana, han alumbrado un mestizaje que es la seña de identidad de sus obras, imponentes murales que sorprenden al doblar una esquina en muchas ciudades de Europa y Latinoamérica y pequeños cuadros que mecen la intimidad de muchas casas en también ambos continentes (un ejemplo se puede ver en sus redes sociales). 


Las tres últimas semanas han levantado las miradas de los vecinos del entorno del campus, ahora todas con un brillo de satisfacción, aunque en los primeros compases fueran de recelo e incluso amenazadoras ante un posible caso de vandalismo. Nada más lejos. Ellos trabajan por encargo tras haber seducido a los responsables de la institución con su exposición en la Sala Código UBU hace tres años.


El naturalismo, surrealismo, realismo mágico, ecologismo y abundante componente onírico de sus creaciones se ponen el servicio de la educación, el conocimiento y la investigación en este mural de unos 20 metros de largo y cuatro de alto en el que la naturaleza aparece como origen de todo, inspiración -«todos los avances tecnológicos del hombre son en base a algo que ya ha resuelto la naturaleza»- y futuro.


Un lienzo en el que juegan con una paleta cromática que combina los ocres y verdes de la explosiva naturaleza del Valle de Tobalina, tierra de ella, y los pizpiretos y brillantes tonos de la calles de Guadalajara (México), donde nació él.


Avanza esta senda del tiempo y también la de Alegría del Prado, que los acaba de traer de Lille (Francia) y los llevará con nuevos proyectos al Festival Desordes Creativas, en Ordes (La Coruña), y al país azteca, donde intervendrán en un Starbucks, la cadena de cafeterías para la que ya pintaron un local en San Cristóbal de las Casas en Chiapas. Después la naturaleza seguirá marcando su paso. Y también la curiosidad por aprender más.