Arte camaleónico

SPC
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El fotógrafo chino Liu Bolin presenta en el Palacio de Gaviria de Madrid 'The Invisible Man', una serie de escenas en las que el artista 'desaparece' entre espacios naturales y monumentos

Arte camaleónico - Foto: Oscar Cañas

La fotografía puede ser invisible, o al menos en parte, si no que se lo pregunten a Liu Bolin, conocido como el artista oculto. Este creador chino ha perfeccionado hasta tal punto el arte del camuflaje y, aunque está presente en todas las escenas que fotografía, consigue casi desaparecer, una destreza que ha marcado su original obra y con la que lanza un mensaje cargado de protesta.
Como si fuera un camaleón, Liu Bolin usa maquillaje, pintura y muchas horas de trabajo para hacer desaparecer su piel y su ropa de las fotografías que toma en espacios naturales, ciudades y monumentos. El resultado es asombroso, sobre todo si se tiene en cuenta que el artista chino apenas retoca las imágenes salvo para corregir algún fallo de luz.
El espectador deberá buscarle en cada una de las 70 imágenes que reúnen su primera gran exposición en España, The Invisible Man, una retrospectiva que permanecerá en el Palacio de Gaviria en Madrid hasta el próximo 15 de septiembre.
«Los primeros años de su trabajo fue perseguido por las autoridades chinas, no podía salir del país ni exponer. A partir de esos años adoptó esta práctica mimética y se convirtió, de algún modo, en invisible también para la autoridad», explicaba ayer durante la inauguración de la muestra la comisaria, la italiana Beatrice Benedetti.
Bolin, cuya obra forma parte de colecciones privadas y museos como el Centro Pompidou de París, ha desplegado esta peculiar combinación de performance, escultura y fotografía en monumentos italianos como el Coliseo, la plaza de Tiananmen, las costas italianas o lugares más peregrinos como un supermercado, donde se camufla en el pasillo de verduras.
«Es más grave la subyugación mental que la desaparición física», argumenta el artista en el catálogo.
Con su peculiar formato, el artista trata de llamar la atención sobre el consumismo de la sociedad, el régimen chino, la situación de los derechos civiles en su país, o el drama del desembarco de inmigrantes en las costas italianas.
Dividido en siete apartados, la exposición comienza con sus primeros años de imágenes de Pekín, continúa con las escenas en monumentos romanos y, en sus fotografías más recientes, apuestas por formatos más experimentales como las dedicadas a la inmigración, la tecnología y el consumo.
Formado como escultor, Liu Bolin comenzó su carrera haciendo moldes de su cuerpo, con los que luego hacía esculturas de tamaño natural en resina, las pintaba hasta parecer humano y luego las abandonaba en las calles de Pekín.