Iconografía de un mártir

R.P.B. / Burgos
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El historiador del arte René Jesús Payo indaga en su último estudio de la Fernán González en las imágenes existentes de Diego Luis de San Vitores, jesuita burgalés martirizado en las Islas Marianas en el siglo XVII

Bajo estas líneas, grabado realizado por Theodor van Merlen III. En la imagen más pequeña, el mártir burgalés pintado por Gregorio Forsman.

El burgalés Diego Luis de San Vitores (1627-1672) fue un jesuita nacido en el seno de una familia de posibles, comerciantes y funcionarios de la Corte madrileña, cuya vida estuvo rodeada de hechos piadosos y sobrenaturales y cuya vocación misionera le llevó a la evangelización de las Islas Marianas, donde fue martirtizado.A su muerte se inició un proceso de difusión de su imagen a través de lienzos y grabados encuadrados en el gran desarrollo que tuvo la iconografía del martirio en la Europa Católica del siglo XVII, y sobre este capítulo arroja luz el profesor de Historia delArte René Jesús Payo en su último estudio, que publicará el Boletín de la Institución Fernán González.
Dos nativos de la isla de Guam mataron al religioso burgalés con una lanza y un machete. En Aportaciones para el estudio de la iconografía del martirio en la época contrarreformista: la imagen del padre Diego Luis de San Vitores, Payo señala que a la muerte del burgalés comenzaron a surgir sus primeras imágenes.El padre Francisco García fue su primer biógrafo, y fueron las imágenes que ilustraban las ediciones que de esta se hicieron las que más contribuyeron a la difusión de su imagen.
«El padre García debió de llegar a tener en su poder imágenes que reproducían la verdadera cara del jesuita y con esta estampa se trató de consolidar la vera effigies del mismo. Sabemos que fue Gregorio Forsman y Medina quien hizo el grabado en 1682. Forsman fue uno de los más importantes grabadores que laboraron en la España de finales del siglo XVII», explica René Payo. Destaca el historiador otros grabados: el realizado por Federico Pesche, «la primera representación de la que tenemos constancia en la que se muestra, de forma real y no alegórica como en el grabado de Forsman, la escena del martirio; el de Theodor van Merlen, que «presenta al venerable inserto en un tondo rodeado de las lanzas y el machete de su martirio»; el de la iglesia de San Gil, donde fuera bautizado el mártir, financiado por su hermano José; y el que se conserva en la Catedral de Burgos.