Dos minutos

Luis J. Minguito


La cura

30/11/2020

Éramos pocos, pero lo vimos. El equipo con el que nos reencontramos ayer en El Plantío no es el mismo que el que dejamos allá por un lejanísimo 25 de octubre. Es un equipo postCovid.

Los síntomas de la enfermedad los conocíamos, pero las secuelas... ¡ay las secuelas! Ausencia de ritmo, desconcentración, simpleza en ataque y falta de contundencia en defensa. Tranquilos, amigos. No es grave. Tiene cura.

Lo malo es que la prescripción no es compatible con el reposo, sino todo lo contrario. En 24 días, el conjunto cidiano habrá jugado seis partidos, incluido el de ayer contra Lalín. Lo que se llama terapia de choque.
Sin embargo, al ‘paciente’ se le ve cierta mejoría. Si miramos una semana atrás, en Alicante el conjunto dirigido por Nacho González no entró en el partido, pero ayer sí, poco, lo justo, pero entró. Lo suficiente para amarrar los dos puntos.
El pronóstico, aunque es reservado, es favorable. Se atisban luces en el horizonte que hacen soñar con recuperar la mejor versión del cuadro rojinegro. Ibrahim es una línea de vida, el que sostiene al equipo si el resto de ‘órganos’ colapsan. Marcos Braga, una nueva bombona de oxígeno ahora que la asfixia es tan latente. Y Torres y Pinillos son la cordura y la paciencia que tanta falta hacen.

Más allá de metáforas, todo aquel que ayer pudo ver a su UBUSan Pablo Burgos fue consciente de la dificultad del rival, de que su equipo dio señas, no muchas, pero señas de ser el de siempre y de que los jugadores y el cuerpo técnico tienen la implicación de antes de las cuarentenas.

Solo hay que esperar, apoyar y animar. Aunque sea a distancia. Porque si algo hemos aprendido de toda esta crisis sanitaria que inunda nuestras vidas es que la distancia es clave, pero sentirnos cerca resulta vital.

 



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