Golpes sonados

R.P.B. / Burgos
-
Los ladrones rompieron varias vitrinas para llevarse los objetos más valiosos. - Foto: FEDE

La reciente detención de dos jóvenes acusados de sustraer piezas de las iglesias de Caborredondo, Revillagodos y Villamorico vuelve a poner el foco en el interés que siempre ha despertado el arte sacro

Cuando la banda terrorista ETA robó en la Catedral

En la década de los 70 se produjeron numerosos robos sonados de arte religioso (eran los tiempos en los que Erik El Belga, entre otros ladrones, campaban a sus anchas por Castilla), pero ninguno tuvo el impacto del perpetrado nada menos que en la Catedral. Y lo fue por dos motivos: por el hecho de que fuese en la joya gótica por antonomasia y primer templo burgalés (y no cualquier ermita alejada de la provincia) y por quien estaba detrás del golpe: nada menos que la banda terrorista ETA, si bien esto se supo dos años más tarde, cuando fue detenido y encarcelado Carlos Catalán Sánchez, responsable del comando Txindoki de rama militar de este grupo terrorista y de profesión restaurador de obras de arte.
Los investigadores relacionaron a éste y a otros miembros del comando con el saqueo histórico de la seo burgalesa. Las piezas fueron vendidas en el mercado negro aunque por fortuna para el Cabildo muchos se recuperaron después.Estaban en manos de varios anticuarios.

Las piezas sustraídas

Entre las piezas sustraídas de la sala del tesoro había tres cruces románicas de los siglos XI y XII, un cáliz de estilo gótico realizado por el orfebre Maese Calvo, un sacramentario de 1542, un breviario de la misma época y un manuscrito de 1571 en el que se comunica la victoria de Lepanto. De la Capilla de los Condestables, donde los ladrones presuntamente -o así al menos lo creyó siempre la Policía- se escondieron hasta que se cerró el templo, momento en el que pudieron moverse con libertad por el interior accediendo a la la sacristía, donde rompieron un rosetón, lo que les permitió el acceso al claustro, al museo y a la sala del tesoro, se apoderaron de tres pequeñas tallas de Gil de Siloé y Juan de Valmaseda.

Desaparición de los sillares visigóticos de Quintanilla de las Viñas

Entre la noche y la madrugada, como siempre -la oscuridad es la gran aliada de los saqueadores- la ermita visigótica de Quintanilla de las Viñas registró en julio de 2004 un robo increíble. Sin que nada ni nadie se percatara, fueron robados de su interior nada menos que dos sillares de 130 kilos de peso cada uno. Dos piezas labradas con los rostros de apóstoles o evangelistas, datadas, como el templo, en el siglo VII que constituían parte esencial de esa joya maravillosa y única del arte hispanovisigodo.
El robo, eficaz y limpio, fue obra de profesionales, no de patanes: no produjeron ningún desperfecto. Un golpe limpio que llevó tanto a los investigadores como a expertos ex ladrones de la talla de Erik El Belga (considerado el más famoso ladrón de arte sacro de todos los tiempos y en la actualidad asesor de las fuerzas de orden público) a sospechar que no sólo fue un encargo, sino que muy posiblemente esas joyas acabarían fuera de España, lo que complicaría su posible recuperación.
Tan es así, que no se ha sabido nada de ellas desde entonces, por más que la diócesis de Burgos albergara hace unos años la esperanza de que así fuera después de que llegara un rumor que decía que podían estar cerca de recobrarse. No fue así. Y prácticamente se ha perdido ya toda ilusión por volver a verlos.
«Sólo hace falta salir al extranjero. Seguro que nadie lo cuidaba ¿verdad? Una obra de arte como esa ermita, seguro que ni se estaba promocionando, ni cuidando, ni restaurando. Así pasa con la mayoría.Y es una lástima, porque su patrimonio es lo único que tienen los pueblos de Castilla para comer», manifestó el citado ex ladrón de arte cuando supo del expolio de esta joya burgalesa.

El cruel y burdo saqueo del dios romano del vino

De un palmo de narices.Así se quedaron en Baños de Valdearados el día de los santos inocentes del año 2011, cuando en la primera visita turística del día a su villa romana permitió descubrir varios boquetes en esa joya impresionante que es su gran mosaico consagrado a Baco, dios del vino. Los cacos, de forma rudimentaria, sin ningún tipo de cuidado, habían levantado varias de las escenas capitales de la gran obra, las que hacían referencia al capítulo ‘El Triunfo de Baco, victorioso a su regreso de la India’.
Para acceder al interior, los saqueadores serraron tres de los maderos paralelos al suelo que componen el muro trasero que protege el ‘oecus’ o salón principal de la villa; pasaron directamente a la pasarela desde la que se contemplan los mosaicos y comenzaron su chapucero latrocinio, dejando teselas y fragmentos desperdigados por diferentes dependencias.
Además de la escena central, se llevaron otras dos de menor tamaño situadas en la cenefa que rodeaba el mosaico, ambas dedicadas a la caza y en las que aparecían los nombres de los vientos Zefyrus y Eurus. En vano intentaron también llevarse otro dedicado Boreas.Para ejecutar su plan emplearon herramientasnada delicadas, como cortafríos y mazas, así como una sierra eléctrica con la que cortaron la malla metálica a la que está adherida la capa de mortero donde se apoyan las teselas.
El pasado verano, la villa reabrió sus puertas con una réplica del mosaico sustraído, un proyecto piloto financiado por la Junta de Castilla y León ha invertido 21.659 euros, ya que se utilizó para la reconstrucción una técnica de estampado digital de la imagen sobre un ‘papelgel’, que permite una reproducción de alta calidad fotográfica sobre un soporte ligero pero resistente.