«Estoy a favor de los deberes si el alumno los hace solo»

B.G.R.
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La divulgadora y escritora Catherine L'Ecuyer imparte en Burgos una charla sobre educar en la atención y repasa distintas cuestiones como el bilingüismo, el uso de las nuevas tecnologías y la Lomloe

L'Ecuyer acudió a la capital invitada por la Asociación Cultural Arlanza. Foto: Jesús J. Matías

Doctora en Educación y Psicología, autora de numerosos libros (el último Conversaciones con mi maestra) y articulista en medios nacionales, Catherine L'Ecuyer posee sobrada experiencia para abordar el mundo de la enseñanza y los retos a los que se enfrenta. Invitada por la Asociación Cultural Arlanza, con motivo de la celebración de su 50 aniversario, la divulgadora de origen canadiense, aunque afincada en Barcelona, ofreció ayer una conferencia en Burgos e hizo un repaso para este periódico de algunos de los aspectos más importantes de las aulas en la actualidad.

Bajo el título de Educar en la atención, L'Ecuyer discierne entre la «atención sostenida y la fascinación pasiva ante estímulos frecuentes e intermitentes». Aboga sin duda por la primera, por cuanto «supone una actitud de apertura a la realidad», mientras que considera que la segunda son métodos que tratan de «flipar» a los alumnos. «Ante una mirada atenta, lo que mueve al estudiante es el propósito. Ante una mirada pasiva, lo que motiva es el cambio continuo y el ritmo frenético», manifiesta.

Bajo esa premisa, el uso generalizado de las nuevas tecnologías fomenta esa espiral cambiante, provocando, según la divulgadora, que «luego sean incapaces de esforzarse para leer una novela clásica o para escuchar atentamente una conversación». Considera que no existe una norma general en su utilización, aunque recomienda retrasar aquellas que suponen acceso a internet «todo lo que se pueda, hasta los 18 si puede ser», lanzando la pregunta de «qué hace un niño o un joven con un dispositivo de 1.200 euros en el bolsillo». 

«Ya se lo pagarán cuando trabajen y lo necesiten», señala, no sin antes volver a esa valoración genérica en el sentido de que «una persona está preparada para usar las tecnologías cuando tiene autodisciplina, templanza y fortaleza para poder inhibir los estímulos externos». En este punto, se refiere a la importancia de «filtrar la información, de distinguir lo privado de lo público y tener un autoestima que no le haga depender de los likes». 

El uso de las nuevas tecnologías preocupa a docentes y padres, que sin embargo no tienen una opinión compartida en lo que a los deberes se refiere. L'Ecuyer es tajante en que «no tienen sentido en la etapa de Infantil» y se muestra a favor de ellos a partir del segundo ciclo de Primaria, aunque con matices: «Siempre y cuando haya una cantidad razonable en función de la edad, que el alumno pueda realizarlos de forma autónoma, sin la intervención de los padres, y que sean continuidad de una educación de calidad en el colegios».

Idiomas. Junto a las tareas, otra de las cuestiones que ha generado debate en los últimos tiempos es el modelo de bilingüismo que se aplica en Castilla y León. La investigadora considera una «meta loable» el aprendizaje de más de un idioma, si bien pone en cuestión que «un profesor que no domina inglés dé una clase de Historia o biología». El resultado de este sistema es, a su juicio, «una pérdida de oportunidad para adquirir conocimientos valiosos para el alumno, puesto que la calidad de la clase es más baja». «El único punto a favor de este método es que contribuye al márketing del centro», sostiene.

Antes de hablar de cambios en el sistema educativo, la divulgadora prefiere diferencia entre «lo que es valioso y lo que no». Al respecto, defiende que «una propuesta no se puede considerar buena por el mero hecho de ser novedosa, ya que la novedad es un concepto comercial y no educativo». En esa evolución muchas voces critican la continuidad de la enseñanza memorística, un aspecto que esta experta «no echa en bloque por la borda». Su razonamiento es que «cualquier aprendizaje significativo requiere un trabajo previo de memorización», poniendo como ejemplo que resulta «imposible» resolver un problema de matemáticas sin aprender la tabla de multiplicar.

Para finalizar, muestra su opinión sobre la Lomloe. Afirma estar inspirada en la «tradición romántico-idealista», que «entiende al alumno como una pieza fundamental para el diseño de una reforma social y política, convierte a la escuela pública en estatal y no admite pluralidad en los planteamientos pedagógicos». 

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