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Roberto Peral

Habas Contadas

Roberto Peral


Alternancia

16/05/2022

Parece ser, si damos crédito al CIS, que la mayoría de los españoles encuentra de rechupete que, para dirigir sus designios, gobierne de forma automática la candidatura que haya conseguido más votos en las elecciones de que se trate, por bien que se encuentre en minoría en el seno de su Parlamento o Pleno municipal. La ocurrencia no es precisamente nueva: durante los últimos años el PP ha venido defendiéndola e ignorándola sucesivamente en ayuntamientos y autonomías según le fuese la feria, es decir, en función de si la lista más votada en cada caso resultaba o no ser la suya propia. Núñez Feijóo, al mando de la nave conservadora, ha dado ahora un paso adelante y propone al PSOE un acuerdo amistoso para evitar las siempre engorrosas negociaciones con los partidos pequeños, que al fin y al cabo no dan más que guerra y han desbaratado el añorado y bien ordenado bipartidismo de toda la vida.

A uno el CIS no le ha telefoneado nunca, pero, como no tiene por qué ser menos que nadie, quiere dejar anotado aquí que juzga un enjuague de los que entran pocos en quintal y ninguno en arroba que un partido que se dice constitucionalista proponga a su principal rival político una componenda grosera que hace mangas y capirotes del sistema parlamentario establecido en la Carta Magna, en la que se señala sin dejar espacio a la duda que ha de gobernar el partido o coalición que obtenga la confianza de la mayoría de la Cámara a cuyo escrutinio se somete.

Lo que ocurre, claro, es que corren malos tiempos para las mayorías absolutas, por mucho que el sistema electoral siga privilegiando a los partidos de siempre, y que aunque se sonría a las cámaras produce un poquito de bochorno gobernar con la ultraderecha, y que algunos siempre han considerado un incordio que a nada rentable conduce esforzarse por llegar a acuerdos con fuerzas de otras orientaciones ideológicas para atender los intereses del mayor número posible de ciudadanos, minorías incluidas. Así que añadimos al cóctel cuarto y mitad de 'estabilidad' y unas gotitas de 'gobernanza', dejamos que lo agiten los analistas que cantan las virtudes del voto 'útil'… ¡et voilà!, ya tenemos una alternancia tan cachonda como la de los tiempos de Cánovas y Sagasta. Viva la Constitución.