Ser o Tener

Esther Alonso


Esperanza

30/12/2020

A quienes utilizamos las palabras como materia prima, a menudo hay alguna que nos asalta reclamando su sitio en el competitivo mundo de los significantes y los significados. No sabemos muy bien cómo nos atrapa: quizá la escuchamos en alguna noticia de radio, en la canción que oímos por la calle escapando por las ventanillas bajadas del coche de un conductor marchoso, o espiando involuntariamente una conversación de playa de nuestras gritonas vecinas de tumbona, mientras cabeceamos arrulladas por el sol de agosto… Pero el caso es que se queda con nosotros anudada a nuestros pensamientos hasta que logramos encajarla en el sitio que le corresponde.
Es lo que me ha ocurrido este año con la palabra ‘esperanza’, que llevaba nueve meses merodeando mis columnas, aunque no ha sido hasta que el otro día conocí la dulce cara de Araceli Hidalgo ocupando todas las portadas de los medios de comunicación por ser la primera española en recibir la vacuna del covid-19, cuando cobró todo su significado para titular este artículo y ser mi palabra de cabecera para 2021.
Acaba un durísimo año. Un año terrible. Un año de sillas vacías... De negocios vacíos... Hasta de funerales vacíos… En el que quizá lo más amargo no haya sido no reír juntos, sino no poder estar juntos para llorar. Un año que nos ha empobrecido en lo económico y en lo político. Un año de cruces, muchas cruces, y pocas caras… Pero el 27 de diciembre una mujer de 96 años residente de un centro de mayores de Guadalajara le abrió la puerta, unos días antes de que le tocara llegar, al año 2021, y con él, al convencimiento de que cuando la humanidad se une, de que cuando los recursos se ponen a disposición del bien común, de que cuando la ciencia, la educación y la cultura ocupan un lugar destacado en la agenda política internacional, todo es posible, hasta plantarle cara a la muerte.
Como apunta la tradición en prensa, el próximo 2 de enero Diario de Burgos llevará en su portada la fotografía del primer bebé del año. No será el caso, pero si fuera niña e hija mía, tendría claro cuál sería su nombre: Esperanza, pues será a ella a quien verdaderamente pertenezca este siglo XXI, que no empezó en el año 2000, sino que de verdad lo hará, por fin, pasado mañana.



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