Señales de vida

María Jesús Jabato


De palomas

23/04/2021

Vaya por Dios. Por si no era bastante el coronavirus, que nos tiene al borde del desquiciamiento, ahora vienen las palomas amenazando la salubridad pública desde sus mechinales de la Plaza Mayor. Cada día se aprende algo nuevo y reparamos hoy en que todo eso de la paloma como metáfora blanca y dominical de la paz es un cuento, un invento de Picasso, y que si la paloma de Alberti se equivocaba creyendo que el mar era el cielo y la noche la mañana, nosotros también estábamos desatinados suponiéndola copo de nieve alada, lírica presencia en el asfalto de cada día. Porque resulta que los ciudadanos se quejan al director de este diario de que los bancos públicos están llenos de palomina, y los hosteleros de la Plaza se quejan de que las palomas colonizan y ensucian las mesas de los cafés y molestan a los clientes, o sea, que las antedichas son unos pájaros de cuenta y es conveniente alejarlas, que nos basta con los gorriones, tan municipales, que son más simpáticos, menos molestos y más asustadizos. 

Las palomas picotean el corazón de la ciudad y dejan en todas partes el reguero de su vida sucia y mendiga, pero el alcalde De la Rosa hace la vista gorda, que no va a estar el hombre en estas minucias del aseo urbano con tantas cosas importantes por hacer que tampoco hace. Ya se ve que no basta con que los operarios de control de plagas eliminen al año el millar que consta en sus estadísticas, porque las muy pájaras se reproducen y, como okupas del aire, siguen campando por sus respetos y así no hay forma de acabar con su floresta corrosiva. 

Hoy, 23 de abril, los libreros no montarán estaribeles en la Plaza Mayor porque se les manchan los libros de palomina, además de por el coronavirus, claro, que nos tiene arrinconados en los cuarteles de invierno aunque ya es primavera. Pero el Día del Libro es buen momento para releer los versos de Alberti en los que anida una paloma confundida, que creyó que tu falda era su blusa, que tu corazón, su casa. ¿Tu corazón, su casa? Ciertamente, se equivocaba.
mariajesusjabato@mariajesusjabato.com



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