TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Deuda

01/12/2020

Me quedé un tanto atónito, ojiplático y hasta inclusive cuando, al analizar el proyecto de ley de los presupuestos-2021 de la Junta, vi que la tercera partida en gastos corresponde a amortización e intereses de la deuda contraída y de la que, qué remedio, tendremos que contraer. Nada menos que 1.423,3 millones de euros, o sea el 11,58% del montante total, que asciende a 12,291 millones. “Pero, hijo, ¿tanto debemos?”, me habría preguntado mi abuela. Y yo no sabría contestarle más que con evasivas. “Pues, se ve que sí, porque los bancos no pasan ni una y nuestro jefazos velan por todos nosotros; así que si afirman que estamos entrampados en esa cantidad, será cierto”. Y mi abuela se llevaría las manos a la cabeza y diría: “Anda, mete las perras en el calcetín no sea que nos toque poner algo”. Esa es la cuestión: ¿tenemos que poner algo o ya lo hemos puesto? Es decir: ¿cuántas inversiones, obras y ayudas no se podrán hacer si hay que soltar esos 1.423,3 millones de euros? Pero, claro, si los bancos, o quien sea, no afloja la mosca, nos quedamos sin plata. Y no es cuestión de que Mañueco e Igea anden pasando la gorra a la salida de misa. La pescadilla que se muerde la cola, que reza el tópico. Si no nos endeudamos, no tendríamos ni para pipas. Y si nos endeudamos, hay que devolver lo recibido, con sus intereses, aunque nos coma una buena ración de la pasta que necesitaríamos para otros menesteres. Mucha más, obviamente, de lo que nos cuesta traer y llevar a diario en coches oficiales a 18 altos cargos que ejercen en Valladolid y viven en otras ciudades (Salamanca, León, ¡¡¡Madrid!!!). Pero, hombre, tacita a tacita se ahorra algo. El caso es que de estas cosas (deuda, altos cargos viajeros, ¿no les da para alquilar un apartamentito?) se habla poco. Veremos qué pasa cuando se debatan los presupuestos en las Cortes. No espero mucho, la verdad. La experiencia me hace ser escéptico, cuando no pesimista. Sí me gustaría, en cambio, poder responder a una pregunta que me haría mi abuela: “A ver, hijo, ¿cómo es posible que debamos tanto siendo tan pobres? Un enigma dentro de un misterio.



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