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Guillermo Arce

Plaza Mayor

Guillermo Arce


Miguel Bosé

18/11/2021

No tengo intención de comprar y menos de leer el libro sobre la vida de Miguel Bosé, pero entiendo que haya gente tenga esa tentación y caiga en ella. La campaña de promoción editorial ha sido todo un éxito: el cantante ha apostado por su lado más imbécil y no ha dejado de atacar y vejar a los periodistas que no le han preguntado lo que supuestamente estaba pactado. De los encuentros con el negacionista de la pandemia hemos sabido que las entrevistas no eran libres porque, de entrada, había temas prohibidos a los que no estaba dispuesto a contestar (aunque en el libro cuente a todos los secretos de cama de la familia). Además, no contento con eso, el artista la ha emprendido con los que osaron hacer bien su trabajo negándoles en directo la palabra y el saludo, atacándoles, amenazándoles y despreciándoles. Grabaciones y parodias hay unas cuantas en torno a la polémica y nos podemos imaginar los broncazos de asesores y cortesanos del divo fuera de micrófono.

Bosé es un impresentable, pero en su despreciable acto de venderse al postor que él quiere, ha mostrado al público la trastienda del periodismo en la era de la comunicación, las presiones -en este caso muy burdas- a las que se somete a la profesión por unas migas de pan de impacto mediático. Muchos compañeros han salido con cajas destempladas del set de entrevistas, pero otros tantos -por obligación o por falta de escrúpulos- no: Miguel Bosé bien vale una bajada de pantalones. Y ocurre con el 'amante bandido', el presidente, el CEO o el concejal de turno...

La libertad de expresión, tan apelada y tan manoseada por todos, es también eso:libertad para preguntar y también para responder, aunque no gusten ni las preguntas ni las respuestas, ni el entrevistado ni el entrevistador. Dicho esto, ya no tengo ninguna duda de qué puede aportar un libro cuyo autor desprecia algo tan esencial. ¿Y usted?