COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


España en negro

22/10/2020

Las intervenciones del presidente de Vox, Santiago Abascal y del candidato a las elecciones catalanas del partido, Ignacio Garriga, han pintado un panorama que invita a los ciudadanos a emigrar del país en busca de nuevos aires respirables, de un futuro halagüeño que en este momento es imposible de conseguir y que no llegará hasta que el partido ultraderechista acceda al poder, deshaga el estado de las autonomías, ilegalice a los partidos nacionalistas, y con unas actuaciones derivadas de una épica de nación heredera de la Formación del Espíritu Nacional logre sacar al país del fondo del pozo en el que se encuentra.

Ambas intervenciones fueron el compendio de los lugares comunes que utiliza la ultraderecha de todas las latitudes adaptada a la situación nacional y a los efectos de la pandemia, definiendo al gobierno como “ilegítimo, criminal inconstitucional, totalitario, socio de golpistas y filoterroristas y socialcomunista-, que es antieuropeísta -"España en solitario ha superado momentos peores"-, que se muestra añorante de la dictadura franquista -incluida la construcción de pantanos y trasvases, y porque “estamos ante el peor gobierno de los últimos ochenta años”-, que ataca a la inmigración -“estrecha colaboración entre el Gobierno y la mafia de los traficantes de seres humanos”-, y por supuesto que denigra la ecología, el feminismo, a los sindicatos, el estado autonómico -"que siguen defendiendo con ceguera”- todo0 ello contrapuesto con la patrimonialización de la figura del rey, la bandera y el himno.

Que la única intención de Santiago Abascal con la moción de censura era tener un altavoz para todas sus fobias sin poner sobre la mesa soluciones reales para los problemas reales de los ciudadanos ha sido evidente, y por eso su única propuesta, si saliera triunfante su iniciativa, fue la convocatoria inmediata de elecciones, sin que se le escuchara nada sobre las medidas a aplicar contra la emergencia sanitaria o la crisis económica. Además, ha tratado de apropiarse de los votantes del PP y de Ciudadanos que pueden verse reflejados en su visión de la situación española con su petición de respaldo a la moción de censura, pasándoles al cobro el sustento que les dan en las comunidades autónomas que gobiernan con sus escaños, mientras que se refería a las llamadas privadas que reciben incluso de militantes de otros partidos con muestras de apoyo ante la deriva del Gobierno.

Frente al cúmulo de descalificaciones, el tono agrio, la ausencia de propuestas, la respuesta del presidente del Gobierno fue la de significar que el líder de Vox “odia a España tal y como es”, subrayó que solo mediante la unidad es posible hacer frente a las consecuencias de la pandemia en todos los órdenes, y que su propuesta es un proyecto de España en el que todos tienen cabida, frente a la España “del cincuenta por ciento” que a su juicio defiende Abascal. Como era previsible remató con una apelación al líder del PP, Pablo Casado, para que rompa con la ultraderecha, que les arrastra hacia posiciones que sus socios en Europa rechazan.

Frente a la España en negro que pintó Santiago Abascal y su discurso de “insultos, furia y choque” la mayoría de los representantes de los españoles votarán en contra hoy, con la inexplicable duda aún de qué botón apretará el PP.



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