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Aurora Lázaro

Plaza Mayor

Aurora Lázaro


Normal y anormal

13/05/2021

Hubo un tiempo en el que estaba convencida de que la educación y la formación eran una base, vehículo o herramienta para mantener a raya la sinrazón y la anormalidad, pero últimamente estoy empezando a albergar dudas al respecto.
Evidentemente, sigo defendiendo las ventajas de la formación sobre el analfabetismo, porque al menos ofrece importantes oportunidades a muchas personas con un gran potencial, pero me cuesta comprender por qué en un mundo cada vez más formado y con mejor acceso a la educación se siguen produciendo situaciones que definiría como primitivas y anormales. 
Me cuesta entender, por ejemplo, que miles de personas con educación y formación actúen tribalmente en innecesarias y absurdas celebraciones de una malentendida recuperación de la libertad. ¡Ay la libertad! ¿Sabemos de verdad lo que es? 
También me es difícil comprender por qué detrás de los conflictos sociales o bélicos más crudos, de los genocidios y demás maldades han estado (y continúan) mentes en teoría brillantes en su campo, intelectuales, gente con carrera, como diría mi madre.
O que la violencia de género se tenga que visibilizar en pildoritas semanales en un canal televisivo a través de una famosilla (habría que reflexionar también sobre quién o quiénes determinan que alguien sea famoso, por qué, para qué y quiénes se benefician de ello) servidas con su cohorte de servicios publicitarios, tertulias, etc. (¡Que son unos cuantos millones de almas, cuidado, los que mantienen estos modelos de difusión!).
A veces tengo la sensación de que esto de la vida y el ser humano es una gran simulación. No sé si ocurría lo mismo durante la prehistoria pero, actualmente, observo que las líneas de lo real y la ficción se diluyen a gran velocidad e irremediablemente y cada vez resulta más complicado distinguir entre lo normal y lo anormal. ¿O no?