Plaza Mayor

Martín Serrano


Edades y recuerdos

10/11/2020

Las cosas de la edad, como las del querer, siempre han dado mucho de qué hablar. Y también han hecho reír. Hay hasta monólogos sobre los ‘síntomas’ que delatan que ya no somos jóvenes, sino adultos. Ya saben, cuando se pide la ginebra para el gintónic por su marca (¡qué recuerdos!), se compra el paraguas en paragüería en vez de en los chinos, cuando los pelos que desaparecen de las pantorrillas se instalan de okupas en las orejas...
Pero como yo eso ya lo tengo superado, les referiré aquí algunas ‘alertas’ que vienen a advertirnos de que se vislumbra en el horizonte, si no la tercera edad, sí la segunda y media. Pero tranquilos, que oficiosamente ya vivimos en una sociedad y en unos tiempos en los que se admite hasta la cuarta edad.
Pues eso, que me dice un amigo (de esos que todos tenemos) que, aunque no preocupado, sí está con la mosca detrás de la oreja, que se nota raro; que no le duele nada, pero que a veces se sueña echando pan a los patos, otras atando con mimo los tomates a los palos sin mirar el reloj y sin acordarse de sus jefes; alguna vez también en el sofá en día laborable con un libro en las narices...
Otro amigo (de los mismos) afina y habla de despierto. Y advierte de que hemos de estar muy atentos a gestos tales como meterse en el bolsillo las galletitas o las minimagdalenas de los bares (¡qué lugares!), pedir la vacuna de la gripe (este año no cuenta), comprar adhesivos para el suelo de la bañera aunque uno no se haya caído nunca, ver un buen rato de Cine de Barrio cuanto se está zapeando, sorprenderse a uno mismo paseando con las manos en la espalda y silbando Verano Azul o alguna de María Ostiz... 
Pues ya ven, a mis ‘fuentes’ todo esto les parece fantástico. ¡Ni tan mal!  Además, se saben la de Canta cigarra, la de Un pueblo es, un pueblo es... Hay algo peor que cumplir años, ¿verdad?, queridos amigos.



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