El mirador diplomático

José Ramón Remacha


Sahara

20/11/2020

En Marruecos no se habla del Sahara porque es un tema delicado y no sería políticamente correcto. Se habla del mismo entre los saharauis que se encuentran en Tinduf, lugar próximo al Sahara en territorio de Argelia. Allí viven muchos cuyo brazo ejecutivo es el Polisario. Sus voces y hechos han tenido eco en España, especialmente en Valencia, y han generado indirectamente una ola de la emigración clandestina a Canarias desde las costas del Sahara Occidental. 
El origen del conflicto está en la Marcha Verde marroquí cuando, en noviembre de 1975 agonizando Franco, España se retira del territorio a la espera de un referéndum patrocinado por las Naciones Unidas. Fue un acto de política exterior desacertado. No puede imputarse al franquismo porque la decisión tomada fue justo la contraria de lo que pensaba Franco. En el Ministerio de Exteriores trabajábamos para convencer al gobierno de que los vientos de las Naciones Unidas obligaban a la descolonización y debíamos hacerla de manera pausada y amigable. Pero Franco decía que no hay diferencia entre La Rioja y el Sahara porque ambos son España. Y no era cuestión de retirarse.
Tras la retirada han fracasado todos los intentos de celebrar el referéndum de Naciones Unidas. El territorio ha sido anexionado por Marruecos y ha surgido la reacción del Polisario que ha proclamado el Estado de la República Árabe Saharaui Democrática cuya población, de casi 200.000 habitantes, está en campamentos con la ayuda de Argelia. 
El tema es complejo porque no es solo una diferencia bilateral. Está implicado EEUU que apoya las posiciones de Marruecos desde antiguo. Y también Francia. Todos ellos tienen intereses económicos y geopolíticos en el viejo Sahara español. Es un territorio con muchas posibilidades de explotación económica, con una amplia costa al Atlántico, muy rico en pesca, en fosfatos y en yacimientos petrolíferos. 
Los incidentes que se han registrado tienen una causa principal y es que el Polisario ha querido llamar la atención internacional sobre un problema tapado por la ley del silencio. Y por lo que toca a España es de esperar que la presión diplomática consiga frenar la emigración a Canarias porque hay modos de hacerlo señalando a Marruecos los riesgos que conlleva su obvia permisividad.



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