Habas Contadas

Roberto Peral


Metrópolis

03/05/2021

No constituye precisamente un plato de gusto toparse con una antigua pareja en medio de la calle o en en la cola de un supermercado, pero en provincias, a la fuerza ahorcan, hemos desarrollado hace tiempo un protocolo que nos permite salir airosos de semejante trance: uno saluda amablemente, comenta dos o tres vaguedades con la cortesía debida, sonríe todo el rato y, en cuanto puede, se despide aliviado y con toda la elegancia de que sea capaz. En Madrid, si hacemos caso de la solemne sanjuanada que tuvo a bien difundir hace unos días doña Isabel Díaz Ayuso, candidata del PP a presidir el rompeolas de todas las Españas, no necesitan recurrir a tales fórmulas de urbanidad, ya que al parecer encontrarse con un exnovio o con una vieja amante en una tienda de Lavapiés o en una taberna de la Prosperidad resulta un suceso tan inimaginable como asistir a un ataque con fuego valyrio en las aguas del Manzanares.
Ocurre que, opine la señora Díaz Ayuso lo que le plazca, la sociedad española ha cambiado una barbaridad en los últimos años, y los modos de vida ya no dependen de que uno habite en una ciudad de varios millones de almas o pase sus días en un pueblo de esos en los que “se conoce todo el mundo”, sino de un modelo de movilidad y relaciones personales que ha superado hace tiempo el tópico del provincianismo. Así, un inquieto vecino de Sotopalacios puede saludar en Madrid a un exalcalde burgalés al que el partido ha facilitado una sinecura en el Senado en el mismo barrio capitalino del que un habitante de la Corte no ha salido desde hace seis meses.
Si mal se piensa, nos sucede lo mismo con la oferta televisiva: ya podemos alardear de tener a nuestra disposición mil y una plataformas de contenidos audiovisuales, que nadie se hace lenguas estos días sino del infierno conyugal aireado sin recato por la hija de una cantante folclórica o de los irresponsables desvaríos de un desnortado cantante de ilustre apellido; y, por descontado, de las sandeces que proliferan en la omnipresente campaña electoral de Madrid, que por fortuna hoy se silencia. Esperemos no volver a encontrárnosla en lo que nos resta de existencia, vivamos donde vivamos.



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