Plaza Mayor

Martín García Barbadillo


Jerga administrativa

03/05/2021

Por circunstancias, llevo semanas relacionándome con las distintas administraciones públicas sin parar: rellenando impresos, marcando casillas, escribiendo sobre líneas de puntos… Desde la última vez que me vi obligado a sumergirme en este océano proceloso de papeleo es cierto que han cambiado cosas. Ahora es posible descargarse en casa los documentos por internet, pero su contenido sigue siendo el mismo: un conjunto de enunciados incomprensibles, jerga administrativa indescifrable y preguntas a las que no se sabe qué responder.
Uno, con cierta autoindulgencia, tiende a pensar de sí mismo que posee unas entendederas en la media de la población (equidistantes de las del más avezado y las del más torpe, o, tal vez, un poco más cercanas a este último). Pues con esa capacidad no consigo averiguar lo que tratan de decirme en el «documento de comparecencia» del «subtipo de expediente TP», en el que no se sé si soy el «solicitante» o el «representante», donde, si consigo rellenarlo, se me informa «expresamente» de que figuraré «como sujeto pasivo en lo sucesivo». Y yo solo quería cambiar de titular un recibo.
Todo el mundo tiene que enfrentrarse a este lenguaje burocrático en algún momento para solicitar a algo o cumplir con sus obligaciones y prácticamente nadie lo entiende, por no hablar de lo aburrido que resulta. Acaba suponiendo un obstáculo como lo es un bordillo no rebajado para una persona con movilidad reducida. El problema de los bordillos ha sido subsanado en la mayoría de los lugares, pero el de la palabrería administrativa no, al menos aquí. En otros sitios sí ha sucedido: hace años, el Ayuntamiento de Madrid contrató a la consultora Prodigioso Volcán para rediseñar (en fondo y forma) sus formularios y conseguir una comunicación clara. Diseñadores y lingüistas se remangaron para avanzar en lo que llaman derecho ciudadano a entender. Simplemente usaron palabras normales, una locura.
Dudo de que por aquí se llegue a ser tan ambiciosos, pero ya que insisten en usar un lenguaje tan arcaico al menos podrían intentar hacerlo más divertido y dirigirse al ciudadano así: «Contribuya vuestra merced al erario, tendrá ventura y evitará el mal fario». Resultará igual de poco útil, pero al menos nos reiremos, que también cuenta.
Salud y alegría.



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