Plaza Mayor

Gadea Gutiérrez


Doce chopos

21/10/2020

Son varios los borradores que he tenido que tirar para poder dar con un texto que expresara con tanta educación como mesura la indignación que siento tras la reciente tala de doce chopos de los parques de acceso a la parroquia de San José Obrero;árboles de más de 39 años, sanos y lustrosos, que nunca han sido una amenaza ni para el alumnado de Jesuitas ni para las decenas de críos que hemos crecido bajo su sombra.

Siento rabia y mucha pena al constatar que dos concejales de este Ayuntamiento, dos personas jóvenes a las que se les presupone cierta conciencia medioambiental, argumenten en este periódico que los talaron porque «no tenían valor intrínseco». ¿No lo tenían para quién? Para mí, sí. Para mi familia, también. Y para todos los vecinos junto a los que me he criado. Eran nuestros árboles.

No salgo de mi asombro cuando recuerdo que la acción demoledora se haya justificado como una «petición» de Jesuitas por molestias -no tengo espacio suficiente en esta columna para detallar las que ha ocasionado y ocasiona el colegio- y un supuesto riesgo para la integridad física que, qué curioso, al otro lado de la valla no hemos percibido en 40 años. De ser así, los vecinos hubieran sido los primeros en solicitar medidas, en buscar un acuerdo con todas las partes para encontrar una solución que permitiera preservar el arbolado y evitar amenazas. Pero, he aquí que esa aportación no la han podido hacer porque nadie les ha preguntado. El Ayuntamiento les ha mentido y ninguneado, garantizando en unos planos lo que luego ha obviado y ellos, simplemente, se levantaron una mañana de octubre y vieron que los recuerdos de media vida se les iban con esos chopos. Así que, desde aquí, muchas gracias a los implicados. No espero que me entiendan porque, para ello, hace falta un mínimo de sensibilidad.