Pensar con los ojos

Juan Francisco Lorenzo


Salud, economía y política

03/05/2021

Sanidad, economía y política han formado el trípode sobre el que ha girado nuestra vida en el último año. Siempre fueron tres áreas relevantes, pero cuando se hizo de noche cobraron especial protagonismo. 
La pandemia ha sacado a la luz lo mejor y lo peor de nuestro sistema sanitario: lo mejor, los sanitarios que estuvieron ahí, en primera línea jugándose el tipo, y lo peor el abandono que ese sistema ejerció para el resto de patologías, las no covid, como si hubieran desaparecido por arte de magia. Pero seguían existiendo aunque se las impidió hacerse presentes, se recomendó por prevención frente a la covid que no se fuera a urgencias ni a los centros de salud, por teléfono se solucionaba todo y, por teléfono, se perdieron la salud y los plazos razonables de diagnóstico que hubieran permitido curar a muchas personas: la covid inundaba todo y no había sitio para más, y esto fue un gran error.
La economía convulsionó y aún no se ha recuperado. Puestos a elegir, la salud era prioritaria aunque sabíamos que con el paso del tiempo sin actividad profesional la salud corría peligro, y sucedió, pero el sistema sanitario no previene la pérdida de salud por ausencia de ingresos, y cada cual ha salvado su pellejo como buenamente ha podido.
Esa ausencia de salud por falta de ingresos le tocada resolverlo a la política, pero la política casi nunca está cuando se la necesita. «Nadie se quedará atrás», se oía a lo lejos desde el furgón de cola, cada vez más repleto de viajeros que no habían sacado billete para este viaje que realizaban involuntariamente. Y como relleno de fondo se escuchaban disparates, sanitarios, económicos y políticos.
Afortunadamente, política y capital han necesitado de los científicos para salir de ésta. Del caos y el disparate se sale con conocimiento, y el monstruo bicéfalo de la economía y la política invirtió dinero para que la ciencia nos rescatara, también a ellos. Y la ciencia ha respondido. 
Gobiernos y capital dependen de los científicos que investigan, innovan y generan conocimiento. Luego, políticas corruptas y capitalismo feroz usan dolosamente ese conocimiento en su beneficio. 
Conviene distinguir el papel que cada uno ha tenido en esta tragedia.



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