UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Preocupación

07/09/2020

Si hay un sentimiento que en este momento esté ampliamente extendido en la mayoría de la población es éste de la preocupación. Entramos en el verano, si es que se puede llamar a este periodo del año esta vez, con la confianza de que iniciábamos una época de tranquilidad y con la esperanza de que fuera larga, y salimos de él con creciente preocupación. Ahora, además, a la inquietud propiamente sanitaria se añade la inmediatez de un curso escolar incierto, la evidencia de que los efectos económicos negativos, que ya son muchos, pueden todavía hacerse más duros, la incertidumbre en cuanto a la forma y el momento de superar eta situación a medio plazo. En fin, que no es cuestión de insistir en un diagnóstico que es de sobra conocido.
Pero hay otra dimensión de lo que está pasando, relacionada con las competencias y las responsabilidades en la toma de decisiones en esta fase en la que estamos ya desde hace algún tiempo, una vez que terminó formalmente el estado de alarma. Hemos pasado en poco tiempo de un estado de alarma por la salud a una alarma por el estado de la salud, y esto, que parece un juego de palabras, esconde una situación bastante más difusa que la que conocimos entonces. En aquella etapa, de marzo a junio, había una referencia común, con independencia de lo que cada uno piense sobre si era acertada o equivocada en unas u otras de sus decisiones. Ahora no es así; el tránsito del nivel estatal al nivel autonómico en la toma de decisiones ha introducido una sensación de confusión. Aquí sí y allí no; aquí de esta manera y allí de esta otra. A diario somos testigos de esta contraposición que ayuda poco al ánimo con que deberíamos estar afrontando los riesgos, siendo tan fácil como es caer en la tentación del agravio comparativo y del victimismo.
Cuando el nivel de decisión era el Estado con frecuencia se reclamaba desde las Comunidades Autónomas más información, más diálogo, más participación y más codecisión. Ahora que el nivel de decisión es principalmente autonómico no debiera ser distinto el planteamiento respecto de las Administraciones locales, de los Ayuntamientos en particular, teniendo en cuenta las competencias de cada uno. Ayudaría, en efecto, percibir que, aunque de vez en cuando haya discusión, hay un objetivo compartido y hay complicidad para alcanzarlo.



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