Plaza Mayor

Gadea Gutiérrez


Libertad

13/04/2021

Hay personas que quieren vacunarse contra la enfermedad del coronavirus, pero dudan o, incluso, rechazan recibir una profilaxis en cuya ficha técnica figura como reacción adversa una trombosis con potencial desenlace de muerte. Es el caso del suero desarrollado por AstraZeneca y la Universidad de Oxford, por si alguien lo ignora todavía. Un efecto secundario muy raro por infrecuente, pero real. Y, según la información técnica, este porcentaje de casos muy graves, aun siendo bajísimo, es más alto de lo esperado para población general. Así que no veo por qué se tiene que tildar a estas personas de ‘histéricas’ o casi ignorantes, como estoy constatando estos últimos días en numerosos artículos de opinión, por ser prudentes ante el uso de un fármaco que no ha cumplido el medio año de comercialización en el mundo.

Ignorancia, creo, sería negar los indiscutibles beneficios que tuvieron, tienen y tendrán las vacunas. Pero, igual que ante un dolor uno decide libremente si toma aspirina, paracetamol o ibuprofeno -fármacos de uso frecuentísimo y, como todos, no inocuos- no me parece que sea descabellado que, una vez reconocido un efecto adverso grave en uno de los sueros, debería poder elegirse entre varias alternativas, si las hay. Y, aun con todas las complejidades que tiene el proceso de vacunación, hay opciones. 

Si una persona, de forma consciente e informada, quiere asumir un riesgo del tipo que sea con respecto a su salud, perfecto. Pero el planteamiento de ‘esto es lo que hay porque tienes equis años y eres tonto si te cuestionas los efectos secundarios’ no sé si es el más atinado para conseguir el objetivo, que es lograr el mayor porcentaje posible de vacunados cuanto antes. Si se constata que hay recelo hacia una vacuna, como parece ser el caso, quizá haya que proponer más y juzgar -o pontificar- menos.



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