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Alfredo Scalisi

Alfredo Scalisi


Al fondo hay sitio

24/09/2021

Solía suceder en la primera semana de septiembre de cada año. Mi madre y yo elegíamos un día de diario aprovechando que todavía no había colegio por la tarde y nos íbamos a la ardua tarea de comprar los libros de texto de ese curso que yo iba a comenzar. Por proximidad íbamos al comercio que Hijos de Santiago Rodríguez tenía en la Plaza Mayor. Recuerdo que yo no iba contento, sabía cómo iba a ser el resto de la tarde. Y mi madre caminaba con paso ligero; ella también estaba segura de que la tarde ya estaba ‘echada’, pero ahí íbamos los dos, casi sin decir nada. Cuando llegábamos a la librería y abríamos la puerta el sofocante ambiente de la tienda casi nos echaba hacia atrás. El comercio era amplio, pero si un sitio está a rebosar, poco importa si es grande o pequeño. Mujeres y niños como nosotros ocupaban su espacio frente a los tres o cuatro mostradores en los que se trabajaba a destajo. «¿Quién es el último?», solía decir el cliente que llegaba más tarde. Silencio sepulcral. La gente estaba más pendiente en ver si podía meterse en ese pequeño hueco y que de ahí le despacharan sin montar jaleo. Porque las compritas eran largas, eh. «¿Me da el de 6º de EGB de Sociales de Santiago Rodríguez? También me pone el de 6º de Matemáticas de Santillana y el de 4º para su hermanito». Y se oía alguna voz femenina malintencionada: «A esta, si la dejas, se lleva ya los del niño que tiene en el cochecito». «Oiga usted, a que la reviento». Y el dependiente: «Señoras por favor…». Y luego venía el turno del compás, lápices, pinturas Alpino, rotuladores Carioca…. Total: tres horas y media y la cabeza mareada. Eran otros tiempos, tiempos de transición. Ahora que la política está tan enrevesada a veces me pregunto cómo salió todo tan bien.