DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Cerebros vírgenes

02/10/2020

La pandemia exacerba el sentimiento de frustración colectiva, caen principios que se creían inamovibles, y genera el convencimiento de que nos encontramos ante un cambio de ciclo, tanto económico como social. Nos sentimos descolocados y la única posibilidad de responder con alguna opción de éxito a los nuevos retos, es prestando oídos incontaminados a mensajes innovadores. Recuerdo a un empresario decir que algo nuevo siempre está ahí, al alcance de cualquiera, pero que solo algunos, privilegiados o por suerte, son capaces de hallarlo. No existe lo imposible, decía, existe la dificultad para encontrar lo que ante el resto permanece oculto.

La necesidad de cambiar viejos modelos subyace en mensajes reiterativos que traducen más frustración que optimismo. Dos escenarios muy diferentes llevan a estas reflexiones. España recibirá 140.000 millones en los próximos seis años de la Unión Europea, casis seis veces el total de la inversión del Estado en el último año. Tan ingente cantidad de dinero debería ser empleado en abrir nuevos caminos de empleo, competitivos en este mundo globalizado, y no en sostener artificialmente sectores o empresas necrosados. Raymond Torres, director de Funcas, alertaba de la dificultad que tiene España para gestionar los fondos europeos tradicionalmente (el 34% de los 56.000 correspondientes al último sexenio) y advertía de la complejidad para gestionar más del doble ahora.

Más próximo. Se ha reunido por tercera vez en ocho meses la Mesa por León, una iniciativa surgida por el descalabro económico y demográfico que genera el cierre de las minas de carbón, iniciativa mimetizada en el resto de las provincias de Castilla y León. A la reunión asistieron una veintena de cargos públicos, mucha materia gris para magros resultados. Reiteraron que el futuro pasa por mejorar las infraestructuras, el turismo y la agroalimentación, a la espera de que Bruselas premie a esta provincia con el Centro Europeo de Ciberseguridad. Aprobaron el logo, una cabeza de león sin rabo ni garras, y ahí quedó todo, a la espera de recibir propuestas populares vía telemática. Sí, aquí y allá faltan cerebros vírgenes.



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