Plaza Mayor

Maricruz Sánchez


Primavera

24/03/2021

Parecía que no llegaría nunca, oculta como estaba entre los nubarrones de la pandemia, pero lo hizo. La primavera es un hecho y ya está en nuestras vidas. Porque es imparable, inevitable, como el amanecer de cada nuevo día y el arcoíris después de una tormenta. Y, una vez aquí, arrasa con fuerza con todo lo que se encuentra a su paso.
No importa que las restricciones sigan siendo una constante, que parece a punto de disiparse o relajarse y vuelve a arreciar de nuevo. Da igual que quede mucho camino por recorrer en este tortuoso peregrinar de la crisis sanitaria, esforzándonos como hacemos en pensar que saldremos reforzados de ella. La naturaleza manda, y tiene también sus propias normas. Unos criterios que el cambio de estación viene a recordar ahora más que nunca y que no son otros que la más pura esencia de la vida.
Las jornadas soleadas, el campo en su versión más bella, los animales en el ciclo natural de reproducción. Eso es la primavera: la alegría, la vida en su máxima expresión. La de que siempre hay un futuro, un mañana nuevo, cuando el invierno y sus rigores quedan definitivamente atrás. 
Y esa lección nunca la debemos olvidar los humanos, la que nos enseñan cada año el resto de seres con los que compartimos este planeta. Que somos criaturas capaces de cosas increíbles, habitantes todos de un mundo, a su vez, aún más fascinante.
A muchos toda esta perorata les puede parecer una soberana tontería, pero les aseguro que no lo es. Puede ser la diferencia entre el abandono y dejarse llevar por el hastío y la lucha efectiva. Y hoy, más que nunca, hay que aferrarse a todo para encontrar buenos motivos que impulsen a seguir. Esas pequeñas cosas, o grandes, como lo que significa una nueva primavera, son un estímulo necesario. Una bocanada de sol y frescura que yo pienso recibir con los brazos abiertos.



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