Lo imprescindible

Juana Samanes

Crítica de cine


Un diván en Túnez

12/09/2020

La característica fundamental de la primera película de la cineasta franco-tunecina Manele Labidi es la sutilidad mezclada con humor, seguramente por esa razón se hizo, el pasado año, con el Premio del Público en el Festival de Venecia. 
Tras estar toda su vida en Francia, y estudiar en Paris, la joven Selma vuelve a su país de origen, Túnez, para montar en un suburbio de la capital una consulta de psicoanálisis, justo después de que haya tenido lugar la revolución de la denominada Primavera árabe.
Las anécdotas se suceden en este filme simpático debido a la inteligencia de su planteamiento. Aparentemente es una comedia amable pero, con trazos certeros, describe la situación de un pueblo lleno de contrastes que se debate entre la modernidad y el prejuicio derivado de algunas de sus creencias religiosas, esto último se aprecia en la desconfianza de algunos varones a “desnudar” sus sentimientos ante una mujer o en la de otros en manifestarse claramente por miedo a ser represaliados.
La actriz franco-iraní Golshifteh Farahani,  conocida en nuestro país por ser protagonista de Paterson, demuestra su talento otorgando los registros interpretativos necesarios a su personaje. Resulta totalmente creíble encarnando a una profesional que debe lidiar no solo con lo que supone estudiar a pacientes nuevos, con sus variadas patologías, sino con los problemas ocasionados por sus diferencias culturales. Así, para una mujer joven que ha optado por estudiar en la universidad y apostar por trabajar y mantenerse sola económicamente en pleno siglo XXI, resultan chocantes los matrimonios de conveniencia que los padres siguen realizando en su país como salida vital para sus hijas adolescentes que, dicho sea de paso, mediante la tecnología y los medios de comunicación ya ven factible una vida diferente y un matrimonio por amor. 
Al fondo, de manera tamizada porque nunca se atreve a meter el acelerador crítico, también se relatan las consecuencias económicas que vive el país desde su revolución, su arabización progresiva y su tradicional animadversión hacia los israelíes, como es habitual en los países árabes. No se alude en ningún momento la gran lacra que ha supuesto el terrorismo islámico sobre todo de cara al turismo.
Por su talante positivo se trata de una coproducción entre Francia y Túnez. 



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