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Fernando González Urbaneja

Cartas desde 44 leguas

Fernando González Urbaneja


Es que vivimos más  

06/07/2021

La reforma de pensiones pactada por el Gobierno y las fuerzas sociales la semana pasada ha merecido elogios rotundos de Octavio Granado, que sabe del asunto y cuenta con acreditada experiencia y gestión exitosa (entre otros logros, la reforma de 2011). Otros expertos han contenido el entusiasmo y estiman que la reforma no pasa de reformita, que asume algunos de los acuerdos pendientes del Pacto de Toledo, los más sencillos. Octavio Granado acepta que cualquier reforma es complicada y sus expectativas son limitadas; que no se rompa la baraja ya le parece mucho. 

A renglón seguido del acuerdo, el ministro de la cosa echó agua al vino con el aviso sobre la llegada de las generaciones del baby boom, que tendrán que asumir o menos prestaciones o más tiempo de cotizar. Una conclusión que tiene muchas posibilidades de acierto a la vista de las más razonables previsiones demográficas y financieras del sistema. El ministro trató luego de enmendar su enmienda con el argumento de que no había tenido un buen día, una explicación, cuando menos, pintoresca. 

La tesis del ministro es de sobra conocida, aunque no tanto como la del envejecimiento que es el problema medular del actual modelo de pensiones. Desde 1985 a hoy la esperanza de vida de los españoles ha aumentado seis años, de 76 a 82; a razón de año y medio por década. Y no hay razones para estimar que ese proceso vaya a parar; todo lo contrario. Los avances médicos y sociales, incluso con pandemias, prometen alargar y mejorar las condiciones de vida de las personas. 

Ese es el problema central del sistema de pensiones, hay que financiar más años de prestaciones y para ello la base de contribuyentes apunta más hacia un retroceso que al crecimiento. Por eso la reforma de las pensiones de 2011 (acertada y exitosa) alargó, de forma progresiva, la edad de jubilación hasta los 67 años. El año 1985 las pensiones tenían una vida media de doce años; hoy son 16. Resolver el dilema, financiar el envejecimiento, es la ‘madre’ del problema; lo del baby boom es una curva en el camino, pero lo medular es que las pensiones ganan años sin pausa.