María Albilla


La política y el escupitajo

29/03/2021

Uy, uy, uy, señores, qué semanas llevamos con estos nuestros políticos. Entre la taquicardia y el infarto me debato cada día con tanto titular que parece que responde a una política de ‘no hay huevos’. Para colmo de males, no me he resistido a la recomendación del prácticamente exvicepresidente segundo del Gobierno y aspirante de Unidas Podemos a presidir la Comunidad de Madrid, Pablo Iglesias, de ver la serie Baron Noir que es, precisamente, tal y como nos dejan ver que es la política por dentro. Cero preocupación por el ciudadano, máximo afán por mantenerse en el cargo, ya sea por supervivencia, por venganza o porque no se sabe hacer otra cosa. Aún no me ha dado tiempo a avanzar demasiado en ella, pero la revancha y la sed de poder son las motivaciones evidentes del Partido Socialista francés que se describen, ojo al matiz, en esta serie de ficción francesa.
No obstante, la fontanería política se ha convertido en todo un arte en los partidos, un juego de estrategia que en la calle, sin embargo, se acaba viendo más bien como el juego de las sillas, ese en el que tenías que correr para no quedarte solo, en ridículo y sin asiento cuando acababa la música. Otras veces  parece que la gracia está comprobar quién lanza el escupitajo más lejos  (o el hueso de aceituna) o en ver a quién se le ocurre el insulto más bestia.  Así llegan unas absolutamente innecesarias mociones de censura y la convocatoria de unas elecciones en Madrid que hacen que toda la política nacional gire en torno al 4-M. Que bien, que vale, que esta región importa, y mucho, pero es que la vida sigue para los millones de ciudadanos que, además, ven atónitos cómo el propio Iglesias se va de la Moncloa con un patrimonio de 539.880 euros. Bien jugado, amigo. 
Y aquí seguimos, señores, en una pandemia con 75.000 muertos, 750.000 personas en ERTE, colas del hambre, la vacunación a ritmo caribeño y con los políticos como parte del problema, no de la solución. ¿A qué dicen que jugamos entonces?



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