María Albilla


Vivir sin miedo

01/10/2020

La ausencia de miedo parece complicada en esta distopía en la que nos ha tocado vivir. Pero, queridos, nos toca mirar al frente. Con mucho respeto al virus y disciplina y escrúpulo con el cumplimiento de las normas preventivas, pero sin temores. Porque la vida sigue y es urgente que nosotros sigamos viviéndola.  
Para los rezagados a los que se les ha pasado septiembre en un suspiro sin su lista de deseos para este otoño, entre los que, por supuesto, me incluyo, este primero de octubre puede ser un buen momento para recalcular ruta con la mirada puesta en el futuro que, qué quieren que les diga, visto el panorama, solo puede ir a mejor.
En estas, mi primer propósito es retomar mis clases de yoga y no puedo sino acordarme de la primera e inspiradora lección que aprendí de mi profesora Irene el día que llegué a la escuela Prana. Ella me abrió la mente a conceptos nuevos y uno de ellos es ahimsa, el primero de los yamas o fundamentos de la práctica de yoga. Es un término en sánscrito que se refiere a la no violencia y el respeto a la vida, pero en realidad, lo más profundo de él es que no es algo etéreo, se puede -y debe- aplicar a la práctica y a la vida desde que abrimos  los ojos por la mañana porque la no violencia empieza en cada uno e implica no hacerse daño ni física ni mentalmente, lleva consigo el quererse, conocerse y respetarse para cuidarse.
En estos días, cuidar de uno mismo es más importante que nunca para proteger al resto e intentar frenar con una barrera colectiva esta asfixiante pandemia que nos priva de besos, abrazos, reuniones familiares y carcajadas con amigos. Ahora bien, considero que gran parte de la población está haciendo una labor ejemplar, pero también tengo claro, que metería a buena parte de nuestros políticos en una clase con Irene para ver si reflexionan un poco y entienden que la no violencia se puede aplicar en todo, política incluida.



Las más vistas