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Ignacio Fernández

Ignacio Fernández

Periodista


Riders

23/12/2021

Glovo, 'riders', sentencias de la tesorería de la seguridad social, multas: el Juzgado de lo Social número 1 de Valladolid ha estimado una demanda de oficio del Estado contra la empresa. Les empluma una buena sanción, les condena a pagar por cuotas no satisfechas y establece un precedente bastante claro sobre otras sentencias que habrán de llegar con motivo de macrojuicios en los que Glovo se juega cincuenta millones de euros.

El Juzgado establece relación laboral, da por sentado que se trata de falsos autónomos y obliga a modificar en vínculo entre ambos para que sea de empleado/empleador: socava, por tanto, la naturaleza de la actividad. Y pone en la senda de la destrucción a este tipo de empresas de la nueva economía cuyas prácticas exploran nuevos terrenos de servicio y nuevas modalidades de relaciónes laborales.

El debate es de fondo, muy interesante y oportuno darlo a tumba abierta. Concierne a nuevas empresas de bajo valor añadido pero que generan servicio en el ecosistema económico y cubren una demanda en la que la calidad y el precio son magnitudes equivalentes. Socavarla sin más en aras de no se sabe qué ortodoxia laboralista no es la mejor opción para una sociedad aquejada de una fuerte crisis y con un paro insoportable.

Hay que debatir serenamente sobre este tipo de empleos de segunda generación, recalculando qué es un autónomo y qué derechos tiene, incluida la revisión de sus escasas prestaciones. Regular los beneficios de que debe ser objeto un trabajador de este tipo. E intensificar los controles para que la realidad se adecue a la práctica.

Pero condenar sin mas a Glovo, abocarles al cese de actividad, como bien denuncian los riders, que perderían un empleo remunerado surgido de la economía social, es fruto de una visión clásica de las cosas propia de quienes no han evolucionado más allá de sus lentes, sus "quevedos". Así andamos….