Plaza Mayor

Carmelo Palacios


Ahora más que nunca

11/09/2020

El verano más atípico de la historia está llegando a su fin con unas cifras devastadoras para el sector turístico. Y eso que la gran mayoría de españoles ha apostado por el turismo nacional y alguna región como Cantabria ha alcanzado máximos históricos en número de visitas. Sin embargo, el drástico descenso en la llegada de extranjeros ha sido un lastre demasiado grande para el que está considerado uno de los motores de nuestro país. Muchos negocios, acostumbrados a ‘hacer el agosto’, se verán obligados a cerrar sus puertas.
Mientras los políticos se pelean en el Congreso con debates a la altura de un niño de Primaria y los científicos se exprimen en busca de una vacuna, el ciudadano de a pie puede echar una mano. Más de lo que piensa. En los años que he pasado en el extranjero y en algún viaje de esos que permitía la antigua normalidad, siempre vi una especie de patriotismo en otros países que no se estila mucho por aquí. No es el de las proclamas y las banderas, sino el de los hechos, el de ayudar al vecino. Ese de la señora alemana que llena la cesta de la compra con productos de su tierra y no del otro lado del mundo, el del joven francés que acude a la tienda de barrio o el del supermercado suizo que tiene una sección bien señalizada con alimentos del país. Ese es el patriotismo que ayuda a levantarse a todos, desde el recolector hasta el vendedor pasando por el empresario. Si quiere que su tierra crezca, invierta en ella. 
Igual soy un poco mal pensado, pero creo que hay algo de eso en las medidas de cuarentena impuestas por algunos países para los que volvían de España. No dudo lo más mínimo que lo hacían para proteger a sus ciudadanos de la Covid-19, pero de paso servía para que el dinero de los suyos se quedara en casa. No había más que ver las playas del sur de Gran Bretaña o Francia llenas hasta la bandera. A ver si nos aplicamos el cuento porque, si nosotros no apostamos por lo nuestro, nadie lo va a hacer.