Plaza Mayor

Carla Martín


¿Qué dices?

01/09/2020

Todos sabemos que con la mascarilla puesta se oye peor, que ese trozo de tela que nos ha dejado media cara blanca este verano secuestra nuestras voces provocando en el único ser vivo racional que existe un impulso irrefrenable de quitarse el trapo para hablar. Ese trapo también debe anular la funcionalidad de los micrófonos de la sala de prensa del Ayuntamiento porque incomprensiblemente hay quien sigue quitándoselo para hablar. Algunos preguntan «¿qué hago, me la quito?» y ellos mismos contestan «sí, ¿no? Hay distancia». Pues nos la quitamos los demás también, ¿no? Tampoco se nos oye cuando pedimos una caña en el bar ni cuando hablamos por teléfono y totalmente en contra de nuestra voluntad nos toca despojarnos del bozal. «Qué ganas tengo de ir a un bar para quitarme la mascarilla», dice, con razón, algún camarero. Porque al otro lado de la barra el virus ya no está. Voilà.
Las gomas deben estar apretándonos mucho las orejas porque hay quien sigue dando dos besos para saludar. Hay que estar al loro para la cobra. Y no tosas ni estornudes con ella puesta, que te lo quedas tú todo. Compartir es morir.
Las páginas de este periódico se pueden pasar sin chuparse el dedo, se lo aseguro, no es momento de compartir fluidos. ¿Se subirán la mascarilla, en invierno, quienes pasean por la calle con la nariz al fresco? Y que no se olviden el metro los exageraditos, que es 1,5m de distancia, no 7 cuando vas a hacer la compra, que la cola da la vuelta a la manzana. No te acerques, que contagias, pero déjame tu móvil y pásame la mascarilla, que la tengo ahí, en el bolso guardada.
El palito ese que nos están metiendo por la nariz debe llegar al cerebro. Hacemos más caso a Bosé que a Simón porque a él sí que le oímos. Ya no llevamos mascarilla, nos ha dicho que no sirve y nos lo hemos creído. Nos hemos tragado también eso de que, en el autobús, tenemos que llevarla todo el tiempo. No debe ser cierto porque la gente se la quita una vez dentro. Y si te reprochan algo tú contesta «¿Qué dices? No oigo nada».