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Jesús Fonseca

EL BLOC DEL GACETILLERO

Jesús Fonseca

Periodista


No nos dejemos robar

18/07/2021

Nos estamos dejando robar el entusiasmo y la alegría de vivir, enganchados a rutinas y ensoñaciones que no son cauce de vida. ¿Te das cuenta, amable lector, de hasta qué punto vivimos entre conductas decretadas y silencios impuestos, bajo la verdad suprema de lo políticamente correcto? Frecuentemente me hago preguntas de esas que ya no se estilan, para tener los pies bien clavados en el suelo, y no levitar más de lo debido. Veamos: todo cuanto nos es dado vivir cuenta. Pero importan, sobre todo, los demás; y algo va mal: nuestra sociedad del hartazgo, ha dejado de creer en verdades eternas. A Dios lo hemos echado a patadas y los demás apenas existen. Eso de ponerse en la piel del otro, cuesta. Son las leyes del relativismo y del descarte. Incluso quienes defienden convicciones espirituales, terminan cimentando su vida en seguridades materiales o espacios de poder a cualquier precio. Nos sucede que, desilusionados con tantas cosas o con nosotros mismos, el desánimo se apodera del corazón y causa estragos en nuestras vidas, algo que no puede suceder. Pocos lo han visto tan bien como el Papa Francisco, con sus constantes llamamientos a alumbrar, participar y arrimar el hombro, para no arruinar nuestros días en el egoísmo. ¿Qué hacer para no dejarnos robar el gozo de compartir, que es donde esta _o así, al menos, me lo parece a mi_, el pequeño camino que lleva a todas partes. No lo sé. Tal vez en escuchar y poner en común más, desde el paisaje de nuestra vida cotidiana y alejados de este confuso frenesí que se ha apoderado de nuestra existencia. Importa lo que importa: el encuentro humano, la cercanía, el abrazo fraterno. Pero no. Nuestro tiempo es el de la extrañeza. La aldea global nos ha acercado bastante menos de lo que creemos. Como mucho, hemos aumentado el boyerismo, algo que husmea en la existencia ajena y nos distrae de la propia, pero que no añade nada a nuestra verdad. No se: parecería que estamos dando la espalda a lo sencillo, a lo que sana y adentra en esa grandeza sagrada que es el prójimo; cuanto más aferrados estemos al amor al otro, mejor nos irá en la vida. Pero para eso hay que salir de si mismo, de esta asfixiante mundanidad , y tomarle el gusto al aire limpio, muy limpio del plato fuerte de la vida, que es la amistad, el querer del alma, lejos de apegos y apariencias.