Plaza Mayor

Leticia Ortiz


Y se acaba agosto

27/08/2020

No llevo nada bien la nueva normalidad. Cual folclórica dramática penando por un amor imposible con letra de Rafael de León y música del maestro Quiroga avanzo por el verano entre quejas y suspiros de amargura. Y olé. Mirar el calendario y ver que está a punto de caer la hoja de agosto es el verso final de esa copla de desgarro que entono aquí a través de las palabras escritas. Créanme, mejor que sea en papel, porque soy de la parte de la población que tiene poquita voz y desagradable. 
Con un guiño a ese junio de fiestas locales, agosto es el mes por excelencia de mi calendario. Comparto esta devoción profesional y personal por el octavo mes del año con músicos, toreros y almendreros, como dice siempre mi abuela cuando le cuento mi plan de viaje que me lleva de punta a punta de la Península. Vitoria, San Sebastián, Madrid, Roa, Briviesca, Bilbao, Málaga... Fiestas y ferias de ciudades y municipios varios que, más allá de un puñado de faenas y crónicas, me han dejado anécdotas para animar muchas reuniones familiares. Como aquella vez que cerramos la discoteca de cierto hotel bilbaíno con Ángel Garó - sí, sí, el humorista- subido a una mesa recitando un poema a su Cristo Cautivo de Málaga. O esa otra en la que acabamos vendiendo el merchandising de Manolo Escobar en Camarena, un pueblo de Toledo al que llegamos cuando recorríamos España de concierto en concierto. O la noche en la que caímos, con gente demasiado respetable, en un antro de Málaga donde sorteaban toallas de playa y barcas hinchables mientras sonaban éxitos de la Carrá y la Jurado. 
Batallitas del abuelo cebolleta. Y eso que no llego a los 35. Pero es la nueva normalidad que, entre mascarillas y geles hidroalcohólicos, me despierta la melancolía por un verano que ya no será. Les aviso de que septiembre, otro mes taurino por excelencia, no pinta mejor, aunque por entonces andaré de vacaciones. Quién sabe si confinada o no. Ya sé que tengo salud y que podría estar peor. Pero aquí no hemos venido a contar alegrías, oigan. Para eso se pueden poner el Sálvame que seguro que está Ponce. Y feliz. Él sí está echando un buen verano.