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Belén Delgado

Plaza Mayor

Belén Delgado


Sanguijuelas

11/04/2022

«Es difícil decir quiénes son peores, si los que sobornan a las masas o las masas que aceptan el soborno. Es cierto que el soborno corrompe, pero también es cierto que el que lo acepta es el mayor de los delincuentes». La frase tiene más de dos mil años. Pero no ha perdido un ápice de vigencia. Estas palabras, que bien podrían ser actuales, fueron escritas por el jurista y filósofo Marco Tulio Cicerón a Craso. Se ve que este problema del Imperio Romano se expandió por el mundo tanto como su cultura.

En nuestro país la corrupción es un mal endémico. Si alguien sospechaba que en España podía empezar a cambiar algo tras la magnitud tan escandalosa que alcanzaron en un pasado no tan lejano casos como la Púnica, Gürtel, Pujol, los EREs, Palau o Malaya (solo por citar algunos de los más graves porque la lista es interminable y salpica a todo el espectro político) pecó de inocente. El proceso de descomposición social, con el consiguiente descrédito en las instituciones y en la clase política, ha ido creciendo en las últimas décadas, y no parece que vaya a modificarse a medio o corto plazo. Porque rara es la semana en la que no nos desayunamos con un nuevo saqueo de dinero público, con nuevos 'chorizos'; con trincones que campan a sus anchas por ayuntamientos, comunidades autónomas y ministerios; con primos, hermanos y amigos de dirigentes públicos que se convierten en millonarios a base de contratos sin ningún tipo de control, o con comisionistas que dicen llamarse empresarios y que solo son sanguijuelas.

Lo destapado esta semana en el Ayuntamiento de Madrid, donde dos sinvergüenzas sin escrúpulos se llevaron 6 millones de euros en lo peor de la pandemia tras vender material defectuoso y de ínfima calidad, revela que este país no tiene arreglo. De la catadura moral de ese par de individuos da cuenta el relato obsceno del destino que dieron al dinero. De la complacencia y connivencia con ese tipo de actuaciones habla la reacción del alcalde madrileño y del partido que le sustenta en el sillón (Cs). Desgraciadamente no va a ser el único caso de corruptelas nacido al 'calor' del descontrol de las adjudicaciones durante la crisis sanitaria. Habrá muchos más. Porque mientras no nos creamos que el poder de cambio está en nosotros, en los votantes, todo seguirá igual.