EL TIEMPO Y LOS DADOS

Manuel Juliá

Periodista y escritor


¡Siguen ahí!

19/05/2020

Pasaban los días en el confinamiento y sentía, con cierta culpabilidad, el gozo de ausencia de noticias del independentismo. Recuerdo a Ferreras como en una especie de Gran Hermano en el que manejaba los hechos con esos brazos, al estilo director de orquesta, trajinando noticias con sus tertulianos, atención señores que ha pasado no sé qué, ha dicho no sé quién qué, o han ido a Bélgica no sé cuántos independentistas a adorar a Puigdermont. Escribí una serie de reportajes sobre el independentismo catalán. Me fui allí. Me perdí por el Ampurdán profundo. Incluso estuve un tiempo en Girona hablando con la gente, y llegué visitar el pueblo de Puigdermont, un lugar en donde encontrar alguien que se sienta español es como buscar una aguja en el desierto del Sahara. Fui comprensivo. Intentaba entender esa obsesión de una gente por largarse de aquí. Llegué a la conclusión de que algunas verdades y demasiadas mentiras habían creado en el corazón de muchos un sincero odio a lo español. En otros solo un deseo se irse, sin sentimientos. En muchos, sobre todo políticos y empresarios, una oportunidad de hacer el agosto apuntalando a una España postrada. También había gente que entendía simplemente que ganarían más dándose el piro.
El Covid arrasó con todo, y demandó el protagonismo que merece por haber creado una pandemia, por tener al mundo postrado a sus pies. El bueno de Ferreras cambió su monotema por otro monotema. Del independentismo al Covid y tiro porque me toca. Los independentistas tenían una razón más que las de todos para odiar al virus. Les había echado del escenario. ¿Pudimos pensar alguna vez que se había difuminado esa matraca para mucho tiempo? Sí, lo pensamos. Era lógico. ¿Cómo va a haber gente que en una catástrofe se levante y diga oiga qué pasa de lo mío? Pues que va a pasar, que nos vamos a ir todos a tomar por culo con miradas tan estrechas como ustedes tienen. Cierto que Torra era un rebujo de lo antiguo. Mosca cojonera eterna, metía baza separatista en cuanto podía. Pero Ferreras solo hablaba del Covid y eso es un indicador de por dónde va el asunto. 
Incluso la terrible, miserable, estúpida, cruel, malvada afirmación de Meritxell Budó de que en una Cataluña independiente habría habido menos muertes se quedó en nada. Pero en cuanto se relaja un poco el miedo, estos tíos sacan la testa y vuelven a tocar con cencerros su matraca. El estadio superior a la obsesión es lo que tienen, la super obsesión. Tienen miedo y piden desde la Generalitat volver a realizar sus manifestaciones para seguir dando el cante. No soportan que no se hable de ellos.          



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