Desde la campiña

Carmen Hernando


Soluciones globales Ya

08/01/2021

Llevábamos meses soñando con la vacuna, esperando el día en el que estuviese disponible para poder volver a nuestro modo de vida anterior. Hasta que un buen día de principios de noviembre (el 9 para ser exactos), sucedió. Pfizer y BioNTech anunciaron que habían desarrollado una vacuna con una eficacia superior al 90%. 
¿Pero fue la primera? No. Ya el 11 agosto la vacuna Sputnik V era registrada en Rusia. Entonces, ¿por qué la bolsa esperó a subir hasta el 9 de noviembre?, ¿por qué no estamos ya todos vacunados con la Sputnik V?, ¿no nos fiamos porque es rusa?, ¿y de la alemana-estadounidense sí?
A día de hoy existen 8 vacunas aprobadas para su uso en algún país del mundo. ¿Qué sentido tiene que cada vacuna se apruebe país por país, o en nuestro caso por un grupo de Estados (la UE), si el virus es el mismo? Tenemos una organización dedicada a la salud, la OMS, que engloba a los 196 países del mundo reconocidos por la ONU (aunque dos sean meros observadores). Lo lógico y eficaz habría sido que esta entidad hubiese liderado, con el apoyo de todos sus miembros, la aprobación de las vacunas, de manera que se agilizara la distribución de las mismas en todos los países sin necesidad de esperar a que los mismos procedimientos de validación se reproduzcan una y otra vez en cada rincón de nuestro planeta. Nada más lejos de la realidad. Ha habido que esperar al 31 de diciembre para que la OMS autorizara el uso de emergencia de la primera vacuna, la de Pfizer, y ni siquiera servirá para que la mayoría de países se ‘ahorren’ su propio proceso de aprobación. Únicamente los que no cuentan con entidades nacionales capacitadas para realizar esta evaluación se acogerán a esta autorización.
Hemos tenido tiempo más que suficiente para planificar todos juntos este momento, pero una vez más, hemos desaprovechado la oportunidad. Mientras no cambiemos de mentalidad y aboguemos por soluciones globales para problemas transnacionales, seguiremos malgastando tiempo y recursos. Lo peor es que, en este caso, esta falta de visión se traduce en demasiadas vidas perdidas: solo en los últimos dos meses, 10.000 muertes cada día.