Plaza Mayor

Isabel Martín


Epístola con solera

08/01/2021

Queridos Reyes Magos: Sé que mi carta llega tarde, que ya están de regreso a su Oriente después de su ardua labor, pero mis peticiones sé que les van a parecer justas y no tendrán caducidad para este año. Así que se las escribo ahora para las pongan las primeras de la lista, a ver si esta vez hay suerte y su futura visita nos trae alguna de ellas.

No es que este año hayamos sido buenos en la comarca ribereña, es que lo venimos siendo desde hace décadas. Buenos contribuyentes, pacientes electores, justos en nuestras reinvindicaciones y estoicos en nuestra espera. Pero es que esto está pasando de castaño a oscuro, casi negro.

Mi intención no es ponerme faltona con los que nos gobiernan -aunque confieso que a veces me tengo que morder la lengua- pero las necesidades de avance de cualquier sociedad pasan por que se mejoren los vacíos históricos. Y no escribo esta carta solo por mí, lo hago por todos los ribereños, para que el futuro de esta rica comarca no se vea lastrado por la dejadez de los despachos o las prioridades de unos pocos antepuestas a las necesidades de muchos.

Para esos muchos solo les pido cuatro cosas, no quiero abusar para que no me tilden de avariciosa. Apunten, sus mágicas majestades: una autovía del siglo XXI, un tren que no tenga que dar un rodeo innecesario, un hospital con capacidad para atender una población de más de 65.000 personas y cobertura telefónica y de internet real y efectiva.

Me imagino ahora mismo sus caras de asombro, pensando que esto mismo lo han leído otras veces, en múltiples ocasiones, desde hace años. No es que les haya enviado una carta escrita hace una década, o más. No, es que en la Ribera del Duero burgalesa todavía no tenemos ninguna de esas cosas.

Atentamente, una ribereña. 



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