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Belén Delgado

Plaza Mayor

Belén Delgado


Claroscuros de una corona

11/09/2022

Siempre se ha dicho que los españoles somos los que mejor enterramos del mundo. Cuando un personaje público fallece todo el mundo habla parabienes y alarga la trascendencia de su figura, aunque en la vida real volaran contra él puñales y zancadillas. Pero la muerte de Isabel II nos hace ver que no somos los únicos que, ante un personaje con derecho a tener un capítulo propio en los libros de historia, nos apuntamos a dejarnos envolver por el brillo alucinógeno que marcan los mejores manuales de diplomacia.

Por algo los ingleses inventaron los protocolos de 'pompa y circunstancia', una especie de 'manuales de sedación colectiva' que atrapan a una sociedad entera, superada por la inigualable teatralización de escenarios, carruajes, sombreros de copete y trajes 'brilli-brilli' que ocultan todo lo demás. Con Isabel II nos van a tener diez días despidiendo a un ser de carne y hueso. En las escuelas donde se enseña protocolo tienen muy claro que las dinastías perviven cuando logran el equilibrio entre el cariño de su pueblo y la distancia que las convierte en cuasi deidades. Solo así se explican todos los tópicos que vamos a seguir escuchando estos días. Icono pop, abuela de la nación… ¿No es demasiado para quien reinaba pero no gobernaba? 

Me merece un gran respeto un personaje que ha transitado desde la II Guerra Mundial hasta nuestros días, que ha sobrevivido a 14 primeros ministros, empezando por Winston Churchill, y que ha sido testigo de los mayores cambios sociales de los últimos 75 años. Pero poco se habla de que bajo el peso hierático de su corona está una de las mayores fortunas del mundo, cuyo montante nadie es capaz de calcular con exactitud ¿350, 500, 800 millones de euros? Y qué decir de la propia familia de la 'abuela' de los británicos: bordea el fracaso absoluto, marcada por divorcios y escándalos, entre los que destaca su defensa a ultranza de su hijo favorito, Andrés, al que sacó del atolladero de las denuncias por abusos sexuales a menores. 

La Historia la siguen escribiendo los ganadores. También la de los funerales. Por eso el de Mijail Gorbachov, que sí ayudó a cambiar la historia, no duró ni un entremés de lo que nos espera ahora con la Reina de los 5.000 sombreros.