Plaza Mayor

Maricruz Sánchez


Asesinos del papel

29/12/2020

Siempre han estado al acecho, desde hace años ya, cuando empecé en este difícil y poco agradecido oficio de contar. «El papel no tiene futuro», defienden a ultranza, ensalzando las virtudes de la era digital. Pues, para no tener futuro, aguanta cual jabato, caballeros; aves de mal agüero, asesinos del papel. 
Ahora que está de moda recuperar lo natural, volver a las raíces para revivir la verdadera esencia de las cosas, esta afrenta recupera toda su actualidad. Ahora que la pandemia parece querer hacernos valorar lo sencillo, que los jóvenes retornan al huerto y al mercado; que los pueblos pugnan por repoblarse con emprendedores que rescatan la tradición; que los objetos y prendas de segunda mano son vintage, con el grupo Inditex poniendo a la venta tocadiscos y carros de la compra, y que los champús sólidos son la novedad (a ver con qué se creen que se lavaban el pelo nuestras madres y abuelas), que hay más tradicional que tomarse un café o una caña mientras se ojea el periódico. En papel, por favor, con su olor inconfundible, pasándoselo al vecino para que vea la noticia en la que sale uno de su pueblo, recortando esa reseña que nos llamó la atención. 
«Qué atraso», dirán algunos, «que ataque a la naturaleza», afirmarán otros. Ruego encarecidamente que el que de verdad tenga argumentos sólidos para defender eso, más allá del perjuicio que otras tantas cosas causan a nuestro entorno, se ría y despotrique de lo que aquí expongo para sus adentros. Quizá lo haga después de leer esto en papel, bien sujeto entre sus manos, apoyado en la mesa de uno de esos ahora añorados bares.
En mi derecho estoy de defender la persistencia de este elemento, por su valor sensorial y sentimental. Porque una cosa es que el papel sufra de una enfermedad crónica, y otra es que lo quieran asesinar. 
Feliz 2021 y larga vida a lo auténtico.



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