Habas Contadas

Roberto Peral


Por episodios

22/02/2021

En poco más de cinco años las plataformas digitales de emisión de contenidos de pago han cambiado radicalmente nuestra forma de ver televisión y han hecho triunfar un modelo de consumo basado en la satisfacción inmediata de nuestras apetencias: los atracones de series se han convertido en un fenómeno cada vez más habitual entre unos televidentes dominados por la voracidad que juzgan intolerable tener que esperar una semana para que se reanude la trama de su ficción favorita. Mis hijas, sin ir más lejos, lo miran a uno con conmiseración cuando les cuenta que en su lejana juventud todos los seriales televisivos se regían por esa política de estreno escalonado, y que solo cada siete días se nos ofrecía una nueva entrega de Canción triste de Hill Street, o de Un hombre en casa, o de Fortunata y Jacinta.

Una de las ventajas de aquellas formas tan reposadas de ocio era que las desavenencias de los hermanos Jordache en Hombre rico, hombre pobre, o la muerte de Chanquete en Verano azul, alimentaban un fértil diálogo del que todo el mundo participaba, habida cuenta de la escueta oferta de la época. Un efecto muy parecido ha obtenido en estos últimos meses la Junta de Castilla y León, que ha logrado que asistamos a las comparecencias periódicas del vicepresidente Igea y de la consejera Casado con el ánimo suspendido y ávidos de novedades, como si en vez de dos políticos más bien tediosos se tratara de los mismísimos Bruce Willis y Cybill Shepherd en un capítulo culminante de Luz de luna, y que la conversación posterior nos dure además toda la semana.

La clave de su éxito, piensa uno, reside en haber sabido dosificar sabiamente la información para no hacer decaer el suspense. Si en anteriores episodios, cuando todo parecía perdido después de que el Tribunal Supremo anulase el adelanto del toque de queda, nos sorprendieron con un ingenioso giro de guion y decidieron que la hostelería siguiese cerrando a las ocho de la tarde, la última entrega ha incluido un espiritual rayo de esperanza, con la ampliación del aforo de las iglesias. Para el martes se anuncia un nuevo capítulo, y uno ya está de los nervios intentando adivinar qué habrán inventado esta vez. El único inconveniente es que el horario de emisión suele ser criminal, así que por si acaso ya he pedido que me lo pongan a grabar.


 



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