UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Bares y colegios

25/05/2020

Un amigo mío, que creo que durante este tiempo de confinamiento ha tenido muchísimo más tiempo que yo para hacer estas cosas, me dice que va haciendo día a día un seguimiento de los temas que se comentan o se discuten en las redes, en los medios digitales, en los llamados confidenciales, etc. Observa, compara, mide y está perfectamente al día de todo lo que se mueve. Y es verdad; sabe con bastante exactitud cómo va transcurriendo la reapertura de los comercios, las boutiques, las peluquerías, los talleres, etc., etc. Tiene una idea muy aproximada de cuánta clientela va retornando, de qué personal se necesita para atenderla, de los problemas de acondicionamiento del local que han tenido que resolver, de las previsiones económicas que manifiestan. En fin, que se ha convertido en un verdadero especialista de los efectos de la pandemia y en un buen conocedor de las preocupaciones sociales en estos momentos.
Pues resulta que el otro día, comentándome la evolución y el estado actual de estos asuntos, de repente paró el relato, frunció el ceño, bajó el tono de voz, entristeció el gesto, carraspeó, y me dijo: «he comprobado, sin ningún género de duda, que las condiciones en que podrán abrirse los bares ha ocupado, en la preocupación y en el debate, más de tres veces, en tiempo y en intensidad, que lo que ha ocupado la apertura de los colegios». Varias veces le insistí sobre si verdaderamente lo tenía comprobado con absoluta seguridad; y, una y otra vez, me dijo que sí.
Obviamente, me quedé perplejo y preocupado. Intenté buscarle explicación: seguramente es porque la gente que va al bar de forma más o menos habitual es más que la que tiene en casa niños en edad escolar; será que en cuanto a la apertura de los colegios habrá más claridad que sobre la apertura de los bares, y por eso genera menos discusión. No, ninguna explicación me pareció ni razonable, ni suficiente. Porque no lo es. No tiene explicación. Y es probable que las preocupaciones mayoritarias de una sociedad se perciban mejor así, cuando son manifestadas de forma espontánea en un ámbito libre, que cuando son objeto de sondeos y estudios formales. Ojalá sólo sea que el confinamiento nos ha puesto en estado de enajenación mental transitoria. Pero me quedé preocupado.



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