Adrián del Campo


Gracias, Sonorama

18/06/2020

Quería escribir de salarios, de una generación que no ve el momento de estabilizarse, o del medio rural, de un lugar que solo se utiliza y por el que se sigue sin apostar, pero es que esta semana Sonorama Ribera ha aplazado su festival a 2021, o lo que para mí es lo mismo y por eso duele más, ha cancelado su edición de 2020, porque nos han robado lo que para tantos son los mejores días del año desde hace mucho tiempo, nos los ha robado un virus que sigue ahí, no lo podemos olvidar. Estas líneas, de hecho, y de ahí quizá el cierto lío de ideas; están escritas en una de esas noches que todavía recuerdan a la cuarentena. Te desvelas y de repente te da la vena creativa y las palabras salen solas.
Tenía que hablar de Sonorama Ribera porque hablar del Sonorama no es hacerlo de un festival más, de una fiesta más, de cuatro posturetas que quieren ser los más modernos, quien haya entendido de qué va lo que ocurre en Aranda de Duero cada mes de agosto sabrá de qué hablo, quien no, se lo explico. Hablar de Sonorama es hacerlo de esos cuatro días en los que todo lo que más feliz te hace se junta en un lugar. Una vez al año, en la capital ribereña tienes a tus amigos, los de siempre y los de la carrera, que ya son los de siempre, y a los del festival, que también son ya los de siempre, tienes a los mejores grupos del país y a alguno de los punteros del panorama mundial, y tienes el buen ambiente que solo sabe regalar Aranda hasta convertirse en algo muy parecido a casa. Por eso, cada año, a pesar de contar con acreditación como periodista, me compro una entrada. Creo que es lo mínimo que se merece este festival. Este año se merece más, que no devolvamos las ya compradas. Porque sí, se podría vivir sin Sonorama, sí, también se puede vivir sin fútbol, pero se viviría peor. A algunos son las aficiones o las pasiones las que nos dan fuerza para seguir.