Plaza Mayor

Evaristo Arzalluz


C, la médico

23/06/2020

Hoy voy a dedicar estas líneas a C, que es compañera y amiga. Y muy buena médico, de Primaria. Atiende tres pueblos.
Durante la pandemia sólo tuvo un caso positivo confirmado de coronavirus. Ella misma fue a casa de su paciente, le atendió y le exigió, amenazándole con las penas del infierno –C tiene mucho carácter- que no saliera de su casa ni él ni su familia en quince días bajo ningún concepto. Lógicamente para evitar el contagio a otros. De casualidad se enteró de que otro de sus pacientes planeaba viajar a Vitoria, a supervisar no sé qué. Y también con ése se encaró advirtiéndole de que si se iba a Vitoria no podría volver. Para asegurarse, C habló con el alcalde y con la Guardia Civil, para que hicieran el seguimiento correspondiente y así preservar la salud de todos. Ya puestos les pidió que vigilaran que no viniera por la noche ninguno de los que tienen allí su segunda residencia, y que si lo hacían, le expulsaran inmediatamente.
C va a sus consultorios cuando hay que ir. Sus pacientes, salvo urgencias, solicitan cita previa y ella valora cada caso y necesidad. Y cuando toca va y les atiende en consulta. Porque C piensa que en muchos casos hay que auscultar, tocar la tripa, o simplemente verles la cara. C no se escaquea, no se parapeta en el Centro de Salud con la excusa del covid. C acude a los domicilios cuando hay un aviso, sin remolonear. Y cuando le llaman de una Residencia también, porque la residencia es el domicilio de los pacientes. C es médico vocacional, de los de antes, aunque es joven. Conoce a sus pacientes, les llama sin esperar a ser llamada, se anticipa. Se interesa. Les mima. Les riñe si se da el caso, porque es mujer brava.
C ha salvado a sus 3 pueblos de la extensión de la pandemia. Y probablemente de la despoblación. Seguro que da gusto vivir en uno de sus pueblos, saberse atendido, querido, protegido.
Algún otro compañero debería tomar ejemplo.



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