TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Antoine

16/10/2020

En su día, el maestro Osorio describió la política de fichajes del Real Madrid (en la era de los 'Galácticos') como el impulso irrefrenable de un megalómano coleccionando de arte, aquel que sería capaz de poner en la misma pared un Picasso, un Dalí y un Rembrandt y pensar que encajarán y formarán un 'paisaje interior' maravilloso sólo porque son unas obras magníficas pintadas por grandes genios. Como si los colores y los trazos fuesen a entrelazarse entre sí… a pesar de que cualquier amante de la pintura, capaz de emocionarse ante cada los cuadros uno a uno, detecta que poner los tres juntos es un error, una enorme falta de gusto, una ostentación innecesaria y una horterada como -¡Ay, los ochenta!- ponerle pegatinas a un ataúd.

Unos añitos después se nos sigue apareciendo el Griezmann de las navidades pasadas cada vez que juega con Francia. ¿Por qué hace esto allí y no aquí?, se dice el culé sin demasiadas ganas de pensar. Sucede que el Barça, gastándose 82 kilos en Suárez, no se sabe cuántos en Neymar (pongamos 88, cifra 'oficial') y teniendo a Messi con el riñón mejor cubierto del planeta, tuvo una pared majestuosa… que no pudo o no supo mantener. Y de repente, cayó en la megalomanía: ponme ahí cualquier cosa, pero que sea cara. Se trajo a Coutinho, a Dembélé y después a Griezmann y pagó casi 400 millones de euros por ellos. Y miró a la pared y le gustó lo que veía… a pesar de que cualquier amante de la pintura, capaz de emocionarse ante los cuadros uno a uno, etcétera.

Griezmann ha triunfado siempre al lado de un punta que fijaba a los centrales, con espacios abiertos entre la defensa rival y su portero, lanzando contragolpes o mil desmarques por partido. ¿Iba a tener eso en el Barça? En absoluto. Culpar al 'siete' del fiasco en azulgrana es culpar al pez de ahogarse si lo sacamos fuera del agua.



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